El Padre Nuestro y el Ave María

Desconozco los mandatos de la memoria. Sé que el recuerdo de mi madre enseñándome a orar se alberga en ella como uno de los hitos iniciales que dan sentido a mi vida. Así son las madres, te acogen, te alimentan, te enseñan, se entregan. Por ello, no me extraña que María, nuestra madre, con su oración, que es su vida, nos adentre y nos conduzca al Padre que es Nuestro. 

Como muchas veces, caminaba orando, también divagando por mis pensamientos. Me vino esta pregunta: ¿Estarán tan sujetos el Padre Nuestro y el Ave María que podamos buscar significados paralelos a cada uno de sus versos? 

Brevemente, esto discurrí. 

Padre Nuestro que estás en el Cielo 
Dios te salve, María 

El saludo a María nos trae el cielo, aquí, a nuestra vida, a nuestra realidad. Nuestra mirada se eleva y descubre que Dios no está en la lejanía de cielos impenetrables, sino en nuestro corazón que lo gesta en el silencio. Sí, el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros para ganarnos la gracia, un día que no será tiempo, de habitar en cielos eternos en eterna alabanza. 

Santificado sea tu nombre 
Llena eres de gracia 

El plan de Dios se hace plenitud en María. El que Es, el Santo, colma a María de su santidad. La gloria de Dios es el hombre plenamente vivo; y la vida del hombre es la visión de Dios dice San Ireneo. Es la humildad que recibe la gracia la que reconoce a Dios y lo glorifica. 

Venga a nosotros tu Reino 
El Señor está contigo 
El Reino de Dios es acogido plenamente en Cristo y, de modo singular, en María, que lo recibió en su vientre generoso por su fe: habita en los corazones de quienes aceptan la Palabra del Padre como ella. Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Esto es lo que Cristo prometió a su Iglesia. Porque ella es, en la tierra, semilla de su Reino, que Él llevará a su plenitud por Cristo. María es figura de la Iglesia; por eso, cuando la Iglesia contempla a María, contempla también su propio misterio. 

Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo 
Bendita tú eres entre todas las Mujeres 
María es bendita, porque es la obra maestra del Señor. María es bendita porque es humilde como el Señor lo es. María es bendita porque ella dice sí a Dios. Así fue, así es: María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». 

Danos hoy nuestro pan de cada día 
Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús 
El pan cotidiano y necesario, fruto de nuestro trabajo, y Jesús encarnado, nacido de María, se hacen regalo de cada día. Jesús, nuestro pan, se nos ofrece como Palabra y como Eucaristía, como la diaria vida: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo. 

Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden 
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores 
El Padrenuestro nos enseña a perdonar como perdona Dios. María es nuestra intercesora para que vivamos en el Perdón: Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas. 

Y no nos dejes caer en la Tentación y líbranos del mal 
Ahora y en la hora de nuestra muerte 
La imploración para ser libres encuentra en María a su abogada porque madre nuestra es. Ahora y cuando nos llegue la muerte, bien física, bien espiritual: Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». 

Amen. 

Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.



Juan Pablo Navarro
maratania@maratania.es