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La Música y Dios

Soy un simple aficionado a la música y lo ignoro todo respecto a la teoría musical. Con mucha dificultad puedo descubrir las entrañas de cualquier composición y, sin embargo, la música me emociona y me eleva. Hay algo singular en nuestra especie que hace que cualquier hombre de cualquier época ante un conjunto de notas dispuestas de determinada manera pueda sentir las lágrimas de san Pedro en la Pasión según San Mateo de Bach o ganas de bailar con Radiohead.
No nos diferenciamos en nada de aquel hombre que fuimos y que, en torno a la hoguera, escuchaba atento una historia arcana, que podría no entender, mientras vibraba con los sonidos sincopados de primitivos instrumentos. Algo inmensamente bello debió depositar el buen Dios en aquella ameba primigenia de la que todos descendemos y que navegaba silente por océanos inmensos escuchando la música celestial de las esferas, de manera que a ti y a mí, la música siga, como ameba multiforme, adaptando nuestras formas de estar, nuestras formas de pensar, nuestras vidas en suma y ayudándonos a descubrir la alegría, la tristeza, el desasosiego, el enternecimiento, la agitación, la inquietud, el temor, el amor, la belleza, la superficialidad, la transcendecia, las más intensas emociones; la exaltación y el silencio que lleva a Dios.


"Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa"  
Salmo 146.
Juan Pablo Navarro Rivas

La fe nos da la vida - Historia de la Hermandad de La Carretería por Ángel Pérez Guerra




“Se juntaron los hermanos que quedaron bibos”. ¡Tremenda frase¡ ¡cuántos escritores habrían deseado que la inspiración les regalase una frase así! Toda una vida dedicada a ese raro arte de escribir quedaría justificada con ella. Estás palabras dramáticas se escribieron en 1649 y han permanecido ocultas hasta que las ha descubierto el periodista Ángel Pérez Guerra en una de esas tareas con las que nos comprometemos en esta vida y que, en principio, son  poco regalo y mucho trabajo. Embarcado durante años en escribir una historia de la Carretería basada en sus archivos históricos, su esfuerzo ha encontrado fruto en su libro Dios, Hombres, Ciudad – Historia y vida de la Hermandad de La Carretería (Sevilla).
Es eso lo que encontramos en este libro, una historia de fe y de amor a Dios de los hombres que han dado vida a la Hermandad de la Carretería en esta ciudad que llamamos Sevilla y que, de la misma manera que lo pequeño nos habla de lo grande, lo débil de lo fuerte, el átomo del Universo, se nos convierte en una recreación de la vida del Hombre, de las ciudades que habitamos, en las que la Vida se mantiene porque siempre unos pocos confiados se unen y siguen vivos a pesar de la pobreza, de la enfermedad y de la muerte.
Leemos, como, en 1972, el reverendo D. José María Torres García les decía a los hermanos carreteros que las hermandades están “para propagar la fe y dar culto a Dios”. Pero, al leerlo, ya sabíamos que ellos lo habían hecho de manera heroica desde la pobreza. Con su fe superaron los numerosos años en que la salida y los cultos anuales no dependían de la climatología, como en los días de hoy, que, aunque en crisis, todavía opulentos, sino de los limitados recursos, casi siempre insuficientes, de sus hermanos. Y ya habíamos descubierto cuántas veces unos pocos hombres arrojados, por su fe en Dios, por su amor al Cristo de la Salud, se juntaron para seguir vivos. Sí, se juntaron como en aquella ocasión de 1649, en plena peste bubónica que diezmó a media Sevilla, para volver a elegir a los nuevos oficiales de la cofradía porque los que habían elegido una semana antes habían muerto todos y porque los que quedaban necesitaban estar vivos de cuerpo y alma para dar vida a la Vida.
Y es que este es el carisma de los cristianos: confiar a pesar de nuestro saber, esperar contra toda esperanza, y amar aunque estemos desolados. Así que, querido Ángel, amigo mío, gracias por tu paciente afán, pues me has mostrado en el testimonio de estos humildes hermanos lo que es nuestra Fe, lo que es estar vivo.


Juan Pablo Navarro


Porta Fidei - La Puerta de la Fe



  • "Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad... por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo... han confesado la belleza de seguir al Señor Jesucristo"

Debo reconocer que Joseph Aloisius Ratzinger, que ha ejercido el papado bajo el nombre de Benedicto XVI, me ha ayudado ha profundizar en mi fe. Por ello, no se me ocurre mejor homenaje que reseñar su carta pastoral Porta Fidei escrita con motivo del año de la fe (11/10/2012+24/11/2013): "La puerta de la fe, que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma". 
La carta parte de un diagnóstico claro: "mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad". Por ello, afirma que debemos descubrir de nuevo la Palabra y el Pan de la vida.
Reconoce que "la renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes... la iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación. La Iglesia continúa su peregrinación".
Por tanto, el Año de la Fe es una invitación a la conversión al Señor que ha revelado "en plenitud el Amor que salva”. Ese Amor nos impulsa a "una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe... La fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y de gozo". La profundización en la fe nos ayudará a adherirnos al Evangelio con mayor conciencia y vigor "para transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre."
Expresa el deseo de que este Año suscite a los creyentes "la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza" y "para intensificar la celebración de la Eucaristía que es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde emana toda su fuerza".
Profundizar en la fe supone profundizar "en el acto con el que decidimos entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios". El contenido de la Fe enseñado en el Catecismo solo adquiere "pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración".
La fe se enfrenta a la mentalidad actual que reduce el ámbito de las certezas a los logros científicos pero "la Iglesia nunca ha tenido miedo a mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad".
No podemos olvidar que aquellos que no encuentran la fe pero "buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de sus existencia" se encuentran en un "preámbulo de la fe" que conduce "al misterio de Dios".
La historia de la Iglesia nos habla del misterio de la santidad y el pecado. Por la primera se "pone de relieve la gran contribución" para el desarrollo de los hombres. Por el segundo, se suscita "en cada uno un sincero y constante acto de conversión".
Debemos tener la mirada fija en Cristo ya que en su Encarnación descubrimos "la alegría del amor, la respuesta del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte".
Enumera que por la Fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó "que sería la Madre de Dios", por la fe "los apóstoles dejaron todo para seguir al maestro... por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes.. Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad... por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo... han confesado la belleza de seguir al Señor Jesucristo donde se les ha llamado a dar testimonio de su ser cristiano en la familia, la profesión y la vida.
Y concluye citando al apóstol Santiago que dice:"¡De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras... Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin obras, y yo con mis obras te mostraré mi fe", para recordarnos que debemos ser testimonio de la caridad. Nos cita a San Pablo "que pidió al discípulo Timoteo que buscara la fe con la misma constancia que cuando era niño" para "distinguir con ojos siempre nuevos la maravilla que Dios hace por nosotros". Y nos da el último rayo sobre la fe con el apóstol San Pedro: "Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas" para afirmar que las pruebas de la vida nos permiten conocer el misterio de la Cruz y ser preludio de la alegría definitiva.
Así que "confiemos a la Madre de Dios, proclamada bienaventurada porque ha creído (Lc1-45) este tiempo de gracia".

Juan Pablo Navarro

La Solemnidad de Corpus Christi. Historia y sentido

http://maratania.files.wordpress.com/2011/06/corpus3-maratania.jpgLa Solemnidad de Corpus Christi se remonta al siglo XIII. Las visiones de Santa Juliana de Mont y el milagro de Bolsena contribuyeron a que Urbano IV publicase la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” cada jueves después del domingo de la Santísima Trinidad.
El propio Urbano IV había conocido de la propia Juliana su visión de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra que significaba la ausencia de una fiesta para conmemorar la Eucaristía. Por otro lado, ocurrió el hecho milagroso de Bolsena: En el año 1264 el Padre Pedro de Praga dudaba sobre el misterio de la transustanciación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. Acudió así en peregrinación a Roma para pedir sobre la tumba de San Pedro la gracia de una fe fuerte. De regreso de Roma, cuando celebraba la Santa Misa en Bolsena, la Sagrada Hostia sangró llenando el Corporal de la Preciosa Sangre. Éste, aún se conserva en la catedral de Orvieto.
Como parte de la celebración de esta festividad, la procesión del Corpus Christi, en la que la hostia consagrado sale del sagrario de la iglesia y recorre las calles en una custodia, es tradicional en muchas localidades del orbe católico. En España, son singularmente famosas las de Toledo, Sevilla y Granada.
La Eucaristía es una experiencia fundamental ligada a la vida de cualquier santo, de cualquier católico. En ella se condesan las virtudes cristianas de fe, esperanza y caridad. Por ello, cualquier cristiano que quiera vivirlas con intensidad pone la Eucaristía en el centro de su vida y no hay ningún santo que en ella no se centrase desde San Francisco de Asís a Teresa de Calcuta, desde San Pablo al más humilde de los santos anónimos. La Eucaristía es Parusía, significa la presencia viva de Cristo y es anticipo de su segunda venida. Confiamos en Dios, esperamos la venida de Cristo y vivimos en su Amor.
Decía el paleontólogo (descubridor junto con Henri Breuil del Homo erectus pekinensis) y teólogo jesuita Teilhard de Chardin en “El medio divino”: “No hay más que una misa y comunión. Estos actos diversos no son, sino puntos, diversamente centrales, en los que se divide y se fija para nuestra experiencia en el tiempo y en el espacio, la continuidad de un gesto único. En el fondo, sólo hay un acontecimiento que se desarrolla en el mundo: la Encarnación, realizada en cada uno por la Eucaristía. Todas las comuniones de una vida constituyen una sola comunión. Las comuniones de todos los hombres presentes, pasados y futuros constituyen una sola comunión…
Benedicto XVI lo reseñaba al decir que “La función del sacerdocio es consagrar el mundo para que se transforme en hostia viva, para que el mundo se convierta en liturgia: que la liturgia no sea algo paralelo a la realidad del mundo, sino que el mundo mismo se transforme en hostia viva, que se convierta en liturgia. Es la gran visión que después tuvo también Teilhard de Chardin: al final tendremos una auténtica liturgia cósmica, en la que el cosmos se convierta en hostia viva.”

Los sentidos de la Semana Santa sevillana

http://maratania.files.wordpress.com/2011/04/nazarenos.jpgEl Arte ha buscado siempre alcanzar una obra que satisfaga a todos los sentidos y al espíritu. En la Semana Santa sevillana se encontró ya hace decenios. La vista alcanza a contemplar la belleza de las imágenes, el colorido de la procesión, la emotiva danza de los pasos. El oído se recrea en los sones de la música, en el arrastrar de los pies de los costaleros, en el cantar de las saetas. El olfato huele las flores, el incienso y la cera, mientras el tacto siente como los labios besan la madera de vírgenes y cristos, el roce de la bulla y la piel se emociona en un momento eterno. Hasta las torrijas, los pestiños y la comida de cuaresma deleitan el sentido del gusto.
A este arte total lo redondea la necesaria participación activa del público fiel que las contempla en silencio o bullicioso, sentado o de pie, quieto o moviéndose con la multitud. Unido a la cofradía como devoto o espectador, orante o festivo, como simple curioso o colmado de pasión.
Y qué decir del espíritu. Todo serìa una simple pantomima si la representación que se lleva a cabo no recordara el hecho religioso de la muerte de Cristo. Todo sería vacío si las imágenes no le simbolizaran a Él. Todo sería falso si los actores de la Semana Santa no creyesen esta realidad de fe. Esto es de tal manera, que esta religiosidad impregna la actitud del cristiano y, también, la de todos aquellos que acuden a la Semana Santa movidos por la tradición, la experiencia del rito o la belleza de las procesiones.
La Semana Santa es así un completo goce de los sentidos, una simbiosis entre actores y espectadores, una forma única en que toda una ciudad, Sevilla, se une ante un hecho religioso para creerse y crearse cada año con ritos centenarios y, a su vez, llenos otra vez de novedad, de fe y de amor. Es la conmemoración plena de la muerte de Cristo y la expectativa, ya festiva, de su Resurrección.

Juan Pablo Navarro
maratania@maratania.es