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La Carta que me enviaron los Reyes Magos (II)


Ya ha pasado un año desde que te regalamos nuestra primera carta. Otra vez venimos a recordarte que tu vida es un regalo que sólo necesita que tú lo abras y acojas. Hoy es la Epifanía de los Reyes Magos.¿Sabes que significa Epifanía? Epifanía es un término griego que significa manifestación y, por ello, cada 6 de enero celebramos que Jesús se reveló como luz de las naciones. Es decir, Jesús es el regalo que se ofrece a ti y a todos, es Dios que se nos da.
Pero, como cualquier regalo, puede quedarse envuelto en el papel que nunca abrimos, escondido en la estantería de la que, con suerte, alguna vez lo sacamos; o, mejor, puede ser el alegre don que siempre nos acompaña.
Por ello, porque te amamos desde siempre, desde incluso antes de que nacieses, nada nos complace más que manifestarte nuestro amor y, por ello, insistirte en los dones que se te han dado para que siempre te acompañen y den luz a una vida alegre y eterna: la Palabra, la oración continua, la Eucaristía y la Reconciliación. Y todo ello, para que, descubriendo al Otro en tu corazón, cada hombre próximo a ti lo consideres tu prójimo.
Cuando se es pequeño, la mente es tan sana y abierta, que cualquier cosa se transforma en algo más profundo y, a su vez, lleno de posibilidades: una caja en las manos de un niño puede ser un coche, una casa, todo un reino.
Pero, poco a poco, el mundo te mete en su redil y se pierde la inocencia que deja ver la luz que se nos manifiesta en todo. Por eso, adora a ese Niño al que le regalamos oro, incienso y mira; ese Niño que creció y siguió creyendo en reinos en los cielos y tanto siguió creyendo en ellos que los ciegos los veían, los sordos escuchaban sus voces, los inválidos andaban por sus calles y, a los que nadie quería, les abrían sus puertas; y de tal modo creyó, que, cuando los que seguían enredados en las cosas tal como las ve el mundo lo acusaban, Él, como única defensa dijo: "mi reino no es de este mundo". Y así, no pudo ser de otra forma, murió coronado y su reino, desde entonces, es eterno. Y ese reino es el que se te manifiesta para que lo veas, lo escuches y andes por sus calles cada día de tu vida vestido en la alegría de su Amor. Simplemente, abre su puerta y acógelo en tu corazón.

Juan Pablo Navarro

El Dios que imaginó Bertrand Russell


Bertrand Russell (1872-1970), aristócrata inglés, filósofo y Premio Nóbel de Literatura, fue un adalid del ateísmo. Él decía que, si se encontrase con Dios cara a cara cuando muriese, él exigiría una explicación de por qué no había hecho evidente su existencia. Pascal decía, por el contrario, que toda religión que no afirme que Dios está oculto, no es verdadera. 
Pero no es mi intención debatir con Russell. Al contrario, lo que quiero es meditar sobre el dios que se imaginó el ateo Russell para exigirle una respuesta. 
Ese dios hipotético llama en primer lugar la atención porque se le puede interrogar sin temor, no es un Baal terrorífico, no es un dios que nos obligue a escondernos. Respetuoso de nuestra libertad es un dios, por tanto, al que se le interroga porque se espera respuesta; es un dios dialogante. Y, así, esa pregunta nace de la esperanza de encontrar la Verdad en ese dios al que se interpela.
Además, es un dios humilde y débil que admite que se le juzgue: de igual modo que Cristo, a quien se le interrogó, acusó y condenó. Pero la pregunta de Russell no es una acusación ni una condena, parece más bien un lamento por no contemplarlo ya. Este dios deseado, debe ser, de esta manera, un dios que es Amor, meta de nuestra búsqueda incansable de la verdad. Recuerda su pregunta al amante que se duele de que su amor no haya sido eterno: Amado ¿por qué tardé tanto en conocerte?
Así que este dios de Russell me acerca al Dios que nos mostró Cristo, amor incondicional escondido en nuestro propio corazón.



"Es verdad: tú eres un Dios escondido, 
el Dios de Israel, el Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el señor salva a
Israel con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se sonrojen
nunca jamás.

...No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la estirpe de Jacob:
" Buscadme en el vacío."
 

...Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno más..." 

(Is. 45,15-26 )

Juan Pablo Navarro
 

La Navidad y la mirada del corazón sencillo


Celebramos en estos días de Navidad un hecho increíble, incomprensible, inabarcable: Dios se ha hecho hombre; la Lógica eterna se ha hecho criatura mortal, el Creador se ha hecho Frágil. Sí, frágil como un Niño que nace en una aldea perdida y que, sin siquiera lugar en la posada, duerme donde come el ganado.
Historia extraña esta la de un Dios hecho Niño dispuesto a vivir negado desde su nacimiento. Solo unos pocos lo reconocerán: sus padres pobres, María y José, los pastores, gente mal vista en su sociedad, y unos extranjeros, unos magos de oriente. Todos ellos lo descubrirán con la mirada sencilla del corazón que enseña lo que los sentidos no abarcan.
Y sin embargo, el silencio de Dios irrumpió en la historia y comenzó a hablar a través de la vida de ese Niño que un día morirá en la cruz, otra vez negado, otra vez sólo reconocido por unos pocos que más tarde lo descubrirán resucitado. Y así, desde la fragilidad, desde la completa dependencia, desde la absoluta debilidad de ese Niño, la Luz empezó a colarse por una rendija abierta en el corazón del Hombre, y la esperanza de una libertad plena, de un amor eterno, de una justicia infinita inició su caminar por los senderos de la historia, y la máscara de la realidad aparente y caduca que nos muestran nuestros sentidos empezó a dejar de cubrir esa realidad nueva que se descubre desde el corazón sencillo que la busca.
Así que, FELIZ NAVIDAD.
Juan Pablo Navarro