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La Música y Dios

Soy un simple aficionado a la música y lo ignoro todo respecto a la teoría musical. Con mucha dificultad puedo descubrir las entrañas de cualquier composición y, sin embargo, la música me emociona y me eleva. Hay algo singular en nuestra especie que hace que cualquier hombre de cualquier época ante un conjunto de notas dispuestas de determinada manera pueda sentir las lágrimas de san Pedro en la Pasión según San Mateo de Bach o ganas de bailar con Radiohead.
No nos diferenciamos en nada de aquel hombre que fuimos y que, en torno a la hoguera, escuchaba atento una historia arcana, que podría no entender, mientras vibraba con los sonidos sincopados de primitivos instrumentos. Algo inmensamente bello debió depositar el buen Dios en aquella ameba primigenia de la que todos descendemos y que navegaba silente por océanos inmensos escuchando la música celestial de las esferas, de manera que a ti y a mí, la música siga, como ameba multiforme, adaptando nuestras formas de estar, nuestras formas de pensar, nuestras vidas en suma y ayudándonos a descubrir la alegría, la tristeza, el desasosiego, el enternecimiento, la agitación, la inquietud, el temor, el amor, la belleza, la superficialidad, la transcendecia, las más intensas emociones; la exaltación y el silencio que lleva a Dios.


"Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa"  
Salmo 146.
Juan Pablo Navarro Rivas

La Carta que me enviaron los Reyes Magos (II)


Ya ha pasado un año desde que te regalamos nuestra primera carta. Otra vez venimos a recordarte que tu vida es un regalo que sólo necesita que tú lo abras y acojas. Hoy es la Epifanía de los Reyes Magos.¿Sabes que significa Epifanía? Epifanía es un término griego que significa manifestación y, por ello, cada 6 de enero celebramos que Jesús se reveló como luz de las naciones. Es decir, Jesús es el regalo que se ofrece a ti y a todos, es Dios que se nos da.
Pero, como cualquier regalo, puede quedarse envuelto en el papel que nunca abrimos, escondido en la estantería de la que, con suerte, alguna vez lo sacamos; o, mejor, puede ser el alegre don que siempre nos acompaña.
Por ello, porque te amamos desde siempre, desde incluso antes de que nacieses, nada nos complace más que manifestarte nuestro amor y, por ello, insistirte en los dones que se te han dado para que siempre te acompañen y den luz a una vida alegre y eterna: la Palabra, la oración continua, la Eucaristía y la Reconciliación. Y todo ello, para que, descubriendo al Otro en tu corazón, cada hombre próximo a ti lo consideres tu prójimo.
Cuando se es pequeño, la mente es tan sana y abierta, que cualquier cosa se transforma en algo más profundo y, a su vez, lleno de posibilidades: una caja en las manos de un niño puede ser un coche, una casa, todo un reino.
Pero, poco a poco, el mundo te mete en su redil y se pierde la inocencia que deja ver la luz que se nos manifiesta en todo. Por eso, adora a ese Niño al que le regalamos oro, incienso y mira; ese Niño que creció y siguió creyendo en reinos en los cielos y tanto siguió creyendo en ellos que los ciegos los veían, los sordos escuchaban sus voces, los inválidos andaban por sus calles y, a los que nadie quería, les abrían sus puertas; y de tal modo creyó, que, cuando los que seguían enredados en las cosas tal como las ve el mundo lo acusaban, Él, como única defensa dijo: "mi reino no es de este mundo". Y así, no pudo ser de otra forma, murió coronado y su reino, desde entonces, es eterno. Y ese reino es el que se te manifiesta para que lo veas, lo escuches y andes por sus calles cada día de tu vida vestido en la alegría de su Amor. Simplemente, abre su puerta y acógelo en tu corazón.

Juan Pablo Navarro

Belén Significa la Casa del Pan

“La adoración de los Reyes Magos” - Giotto (1304-1306) 

rada literatura que extiende sus metáforas en el espacio y en el tiempo. Hay quien afirma que, cuando los israelitas ocuparon Belén, se llamaba en cananeo Beth Lahamu, Casa del dios Lahamu, que solía ser representado como una serpiente, como el símbolo del Mal para los judíos. En cualquier caso, lo que es seguro cierto es que en hebreo Bet Léhem se traduce por Casa del Pan.

Tuvieron que pasar más de mil años para que este juego de palabras, esta casa del mal vencido que se transforma en casa del pan, se hiciese Palabra y cobrase todo su sentido. Ya lo sabéis, allí, en un pesebre, donde come el ganado, el Creador se hizo Criatura y se hizo Pan de Vida.
Sí, se hizo pan, el alimento más sencillo y más necesario: «el fruto de la tierra y del trabajo del hombre» que el mismo Dios recrea:

Yo soy el pan vivo que bajado del cielo; el que coma de este pan, vivirá para siempre. (Jn 6, 51)

Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:

Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía”. (Lc 22, 19-20)

Caminemos pues esta Navidad a Belén para adorar a ese Niño que es Dios hecho hombre y comamos alegres su Pan, que es Paz, que es Amor, que es Perdón, que es Eucaristía, y descubrámoslo -confiados y amantes- en el silencio, en la oración, en el servicio al prójimo, con la esperanza cierta de que Él nos transforme y vivamos ya para siempre.

Juan Pablo Navarro

Veinte peticiones para los veinte misterios del Santo Rosario

Este verano, el día de la Asunción, el Papa Francisco, desde el balcón de Castelgandolfo, lanzó esta pregunta: "¿Vosotros rezáis el Rosario todos los días". Mi respuesta fue un claro no y desde entonces me he aplicado en su oración diaria.
En el Rosario, el incansable repetir de padrenuestros y avemarías acalla el cerebro para que el corazón medite los misterios principales de la vida de Cristo y de la Virgen. Como toda oración, la base es el silencio que escucha para entablar un diálogo donde bendecimos, adoramos, pedimos, intercedemos, damos gracias y alabamos.
Desde esta mirada me atrevo a rogar una serie de peticiones inspiradas en los misterios del Rosario:


Misterios Gozosos
Primer misterio:  
La Anunciación y Encarnación del Hijo de Dios en las purísimas entrañas de la Virgen María. 
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que con corazón alegre seamos esclavos del Señor.

 Segundo misterio: 
La Visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que, como tu prima Isabel, descubramos a Cristo en Ti.

Tercer misterio: El nacimiento del Niño Jesús en el pobre y humilde portal de Belén.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que, como los pastores, libres del miedo, descubramos y adoremos a Jesús en la debilidad, en la humildad y en la gloria del pesebre.
 
Cuarto misterio: La Purificación de la Virgen María y Presentación del Niño Jesús en el Templo.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que, como Simeón, aguardemos confiados la llegada del Salvador y aceptemos, como tú, al Signo de Contradicción aunque una espada nos atraviese el corazón.
 
Quinto misterio: El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que descubramos a Cristo en la Iglesia y en el templo de nuestro corazón.


Misterios Luminosos
Primer misterio: El bautismo de Jesús en el río Jordán.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que el Espíritu nos abra los cielos y descubramos al Hijo amado en el que el Padre se complace.
 
Segundo misterio: Jesús y María en las bodas de Caná.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que de igual modo que en Caná adelantaste la manifestación del Mesías en la cruz, la Eucaristía sea un adelanto de la Parusía, de la segunda venida de Nuestro señor Jesucristo.
 
Tercer misterio: Jesús anuncia el Reino de Dios e invita a la conversión.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que la Buena Noticia se haga reino en nuestro corazón y la compartamos alegres y amorosos con nuestro prójimo, de igual manera a como Cristo amó.
 
Cuarto misterio: La transfiguración de Jesús en el monte Tabor.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que en un "continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar", traigamos "el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios" (del último Ángelus de Benedicto XVI) 

Quinto misterio: La institución de la Eucaristía.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que la Eucaristía sea fuente, centro y culmen de nuestra vida cristiana.


Misterios dolorosos 
Primer misterio: La oración de Jesús en el huerto de Getsemaní.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que aceptemos a través de la oración continua la Voluntad de Dios aunque no coincida con la nuestra.

Segundo misterio: La flagelación de Jesús, atado a la columna.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que aceptemos que nos "azoten" por causa de la Justicia y descubramos el amor que se esconde en todo sufrimiento.

Tercer misterio: Jesús es coronado de espinas.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que aceptemos que nos insulten, nos persigan y calumnien de cualquier modo por Su causa.
 
Cuarto misterio: Jesús con la cruz a cuestas, camino del Calvario.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que aceptemos cargar con la cruz de cada día con amor manso y paciente.
 
Quinto misterio: La crucifixión y muerte de Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que aceptemos que nos crucifiquen  por causa del Perdón y del Amor


Misterios gloriosos
Primer misterio: La Resurrección del Señor.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que vuelvas a nosotros esos tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, nos muestres a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Segundo misterio: La Ascensión del Señor al cielo.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que volvamos siempre alegres a Jerusalén.

Tercer misterio: La venida del Espíritu Santo sobre el Colegio apostólico.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que el Espíritu Santo llene nuestra casa y sepamos hablar a cada uno en su lengua.

Cuarto misterio: La Asunción de Nuestra Señora al cielo.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que abogues para salvarnos de todo lo que nos juzga y nos mata y seamos, por el contrario, semilla sembrada en tierra buena que da fruto.

Quinto misterio: La coronación de la Virgen María como Reina del universo.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que Dios todopoderoso nos conceda que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria en el reino de los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén».

Juan Pablo Navarro

El Dios que imaginó Bertrand Russell


Bertrand Russell (1872-1970), aristócrata inglés, filósofo y Premio Nóbel de Literatura, fue un adalid del ateísmo. Él decía que, si se encontrase con Dios cara a cara cuando muriese, él exigiría una explicación de por qué no había hecho evidente su existencia. Pascal decía, por el contrario, que toda religión que no afirme que Dios está oculto, no es verdadera. 
Pero no es mi intención debatir con Russell. Al contrario, lo que quiero es meditar sobre el dios que se imaginó el ateo Russell para exigirle una respuesta. 
Ese dios hipotético llama en primer lugar la atención porque se le puede interrogar sin temor, no es un Baal terrorífico, no es un dios que nos obligue a escondernos. Respetuoso de nuestra libertad es un dios, por tanto, al que se le interroga porque se espera respuesta; es un dios dialogante. Y, así, esa pregunta nace de la esperanza de encontrar la Verdad en ese dios al que se interpela.
Además, es un dios humilde y débil que admite que se le juzgue: de igual modo que Cristo, a quien se le interrogó, acusó y condenó. Pero la pregunta de Russell no es una acusación ni una condena, parece más bien un lamento por no contemplarlo ya. Este dios deseado, debe ser, de esta manera, un dios que es Amor, meta de nuestra búsqueda incansable de la verdad. Recuerda su pregunta al amante que se duele de que su amor no haya sido eterno: Amado ¿por qué tardé tanto en conocerte?
Así que este dios de Russell me acerca al Dios que nos mostró Cristo, amor incondicional escondido en nuestro propio corazón.



"Es verdad: tú eres un Dios escondido, 
el Dios de Israel, el Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el señor salva a
Israel con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se sonrojen
nunca jamás.

...No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la estirpe de Jacob:
" Buscadme en el vacío."
 

...Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno más..." 

(Is. 45,15-26 )

Juan Pablo Navarro
 

La fe nos da la vida - Historia de la Hermandad de La Carretería por Ángel Pérez Guerra




“Se juntaron los hermanos que quedaron bibos”. ¡Tremenda frase¡ ¡cuántos escritores habrían deseado que la inspiración les regalase una frase así! Toda una vida dedicada a ese raro arte de escribir quedaría justificada con ella. Estás palabras dramáticas se escribieron en 1649 y han permanecido ocultas hasta que las ha descubierto el periodista Ángel Pérez Guerra en una de esas tareas con las que nos comprometemos en esta vida y que, en principio, son  poco regalo y mucho trabajo. Embarcado durante años en escribir una historia de la Carretería basada en sus archivos históricos, su esfuerzo ha encontrado fruto en su libro Dios, Hombres, Ciudad – Historia y vida de la Hermandad de La Carretería (Sevilla).
Es eso lo que encontramos en este libro, una historia de fe y de amor a Dios de los hombres que han dado vida a la Hermandad de la Carretería en esta ciudad que llamamos Sevilla y que, de la misma manera que lo pequeño nos habla de lo grande, lo débil de lo fuerte, el átomo del Universo, se nos convierte en una recreación de la vida del Hombre, de las ciudades que habitamos, en las que la Vida se mantiene porque siempre unos pocos confiados se unen y siguen vivos a pesar de la pobreza, de la enfermedad y de la muerte.
Leemos, como, en 1972, el reverendo D. José María Torres García les decía a los hermanos carreteros que las hermandades están “para propagar la fe y dar culto a Dios”. Pero, al leerlo, ya sabíamos que ellos lo habían hecho de manera heroica desde la pobreza. Con su fe superaron los numerosos años en que la salida y los cultos anuales no dependían de la climatología, como en los días de hoy, que, aunque en crisis, todavía opulentos, sino de los limitados recursos, casi siempre insuficientes, de sus hermanos. Y ya habíamos descubierto cuántas veces unos pocos hombres arrojados, por su fe en Dios, por su amor al Cristo de la Salud, se juntaron para seguir vivos. Sí, se juntaron como en aquella ocasión de 1649, en plena peste bubónica que diezmó a media Sevilla, para volver a elegir a los nuevos oficiales de la cofradía porque los que habían elegido una semana antes habían muerto todos y porque los que quedaban necesitaban estar vivos de cuerpo y alma para dar vida a la Vida.
Y es que este es el carisma de los cristianos: confiar a pesar de nuestro saber, esperar contra toda esperanza, y amar aunque estemos desolados. Así que, querido Ángel, amigo mío, gracias por tu paciente afán, pues me has mostrado en el testimonio de estos humildes hermanos lo que es nuestra Fe, lo que es estar vivo.


Juan Pablo Navarro


Porta Fidei - La Puerta de la Fe



  • "Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad... por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo... han confesado la belleza de seguir al Señor Jesucristo"

Debo reconocer que Joseph Aloisius Ratzinger, que ha ejercido el papado bajo el nombre de Benedicto XVI, me ha ayudado ha profundizar en mi fe. Por ello, no se me ocurre mejor homenaje que reseñar su carta pastoral Porta Fidei escrita con motivo del año de la fe (11/10/2012+24/11/2013): "La puerta de la fe, que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma". 
La carta parte de un diagnóstico claro: "mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad". Por ello, afirma que debemos descubrir de nuevo la Palabra y el Pan de la vida.
Reconoce que "la renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes... la iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación. La Iglesia continúa su peregrinación".
Por tanto, el Año de la Fe es una invitación a la conversión al Señor que ha revelado "en plenitud el Amor que salva”. Ese Amor nos impulsa a "una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe... La fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y de gozo". La profundización en la fe nos ayudará a adherirnos al Evangelio con mayor conciencia y vigor "para transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre."
Expresa el deseo de que este Año suscite a los creyentes "la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza" y "para intensificar la celebración de la Eucaristía que es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde emana toda su fuerza".
Profundizar en la fe supone profundizar "en el acto con el que decidimos entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios". El contenido de la Fe enseñado en el Catecismo solo adquiere "pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración".
La fe se enfrenta a la mentalidad actual que reduce el ámbito de las certezas a los logros científicos pero "la Iglesia nunca ha tenido miedo a mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad".
No podemos olvidar que aquellos que no encuentran la fe pero "buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de sus existencia" se encuentran en un "preámbulo de la fe" que conduce "al misterio de Dios".
La historia de la Iglesia nos habla del misterio de la santidad y el pecado. Por la primera se "pone de relieve la gran contribución" para el desarrollo de los hombres. Por el segundo, se suscita "en cada uno un sincero y constante acto de conversión".
Debemos tener la mirada fija en Cristo ya que en su Encarnación descubrimos "la alegría del amor, la respuesta del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte".
Enumera que por la Fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó "que sería la Madre de Dios", por la fe "los apóstoles dejaron todo para seguir al maestro... por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes.. Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad... por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo... han confesado la belleza de seguir al Señor Jesucristo donde se les ha llamado a dar testimonio de su ser cristiano en la familia, la profesión y la vida.
Y concluye citando al apóstol Santiago que dice:"¡De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras... Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin obras, y yo con mis obras te mostraré mi fe", para recordarnos que debemos ser testimonio de la caridad. Nos cita a San Pablo "que pidió al discípulo Timoteo que buscara la fe con la misma constancia que cuando era niño" para "distinguir con ojos siempre nuevos la maravilla que Dios hace por nosotros". Y nos da el último rayo sobre la fe con el apóstol San Pedro: "Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas" para afirmar que las pruebas de la vida nos permiten conocer el misterio de la Cruz y ser preludio de la alegría definitiva.
Así que "confiemos a la Madre de Dios, proclamada bienaventurada porque ha creído (Lc1-45) este tiempo de gracia".

Juan Pablo Navarro

Cuaresma: oración, limosna y ayuno

Jesús de la Pasión por Tortelero, 1747

Hoy es Miércoles de Ceniza, tiempo de oración, limosna y ayuno en el que nos preparamos para vivir la Pasión y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración que significa silencio para escuchar a Dios, hablarle y amarle.
Limosna que es silencio para escuchar al próximo, hablarle y amarle.
Y ayuno de todo lo que impide nuestro silencio, nuestra escucha y nuestro amor.

Y todo ello, no gracias a nuestro esfuerzo sino a nuestro recibir alegre de la salvación que Cristo ofreció para todos en la cruz como perdón de nuestros pecados.
 
Juan Pablo Navarro
maratania@maratania.es

Fraternidad

Dadme una sociedad perfecta, donde el estado procura pan, salud y educación, trabajo para todos, todo lo necesario y lo útil. Pueda imaginármela fría como el hielo.
Dadme un individuo que practique la fraternidad. Eso sí calienta mi corazón.

Juan Pablo Navarro
maratania@maratania.es
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La Carta que me enviaron los Reyes Magos



Son ya bastantes los años en los que en este día te enviámos regalos. Ahora, hemos pensado que sería bueno escribirte a ti en vez de que nos escribas a nosotros y descubrirte los mejores regalos que ya posees.
Todos los hombres tienen algo que les guía y es preciso acertar con la estrella que alumbra nuestros pasos y, una vez encontrada, no perderla. Así nos pasó a nosotros, fuimos a donde habitaba el mundo, el poder y el dinero y dejamos de verla. Sabrás que sólo por la lectura de la Palabra la volvimos a ver y que esta nos llevó a ese pequeño y débil niño que había nacido en los aledaños de un pequeño y olvidado pueblo, Belén, y que reposando en un pesebre, donde comen los animales, se ofrece como alimento para todos. Y así, nosotros le ofrecimos nuestro oro, nuestro incienso, nuestra mirra, nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra existencia, para que nuestras vidas tuvieran sentido.
Así que te animamos a que tu vida sea un encuentro con Jesús, Dios que nos salva. Por ello, déjanos que te recordemos muchos de los regalos que ya tienes.
Primero, el de la Palabra recogida en la Biblia. Léela, a poder ser, diariamente. La Biblia es buena literatura y su profundo sentido no se alcanza de una lectura superficial. Es necesario leerla, releerla y buscar su entendimiento. Ser sabio, es decir, saber desenvolverse en la vida, es lo que puedes alcanzar con ella. ¿Tienes algo mejor?
Segundo, la oración. Los cristianos podemos vivir en oración continua. Eso, entre otras muchas cosas, significa que toda nuestra vida es una oración. Cristo habita en tu corazón y te acompaña, créelo porque es así. Lo percibas o no, Él siempre esta ahí. Así que descubre su presencia en todo momento. Eso significa que nunca estás solo, que vives acompañado: aprende a hablarle y a escucharle. Este diálogo te llevará a superar una de las tenazas que te aprietan en la vida: la soledad. Tu vida será cada día más confiada por mucho que arrecie el temporal y siempre, cuando no puedas andar sobre las aguas y te ahogues, podrás asir la mano del que siempre te acompaña.
Me dirás que la oración te resulta seca. No es ningún secreto que muchos de nuestros retos pasan por la aridez del estudio, de la repetición, de la frustración. Eso puede ser cierto pero ¿no es acaso imagen del desierto de nuestras vidas? Te es necesario andar por ese desierto y sentir sed para que, cuando llegues a ricos manantiales, puedas saciarla. Y, sobre todo, recuerda que oración es comunicación; comunicación contigo y con Él, donde se haya toda respuesta.
Tercero, y este es privilegio de los católicos, tienes el gran regalo de los sacramentos, sobre todo el de la Reconciliación y el de la Eucaristía. No seas insensato y aprovéchalos, nada hay en la vida que te dé más riqueza que éstos. Te lo repito, ni un buen coche, ni un buen trabajo, ni una buena casa, con ser cosas buenas, son comparables al perdón y al alimento de Cristo.
Descubrir qué nos estorba en nuestro camino debe ser una gran alegría, pues conocer lo que nos obstaculiza nos permite buscar los medios para superarlo y, de este modo, el perdón es lo que lo remueve. A su vez, sé siempre pródigo en el perdón. Si rezas atentamente el Padrenuestro descubrirás que de las peticiones que se hacen solo hay una en la que nos igualamos a Dios, el perdón: “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
Por otro lado, el mayor regalo es la Eucaristía, nuestro alimento. ¿Eres consciente de que es el mismo Cristo el que se te ofrece como en el pesebre? Como en la oración, podrás decirme que no sientes nada, que no te dice nada; pero si es así, como en aquella, hablará más del desierto de tu alma que de la Misa misma, asistir a ella es una suerte que no debes desaprovechar. En ella obtendrás la fuerza que necesitas en este camino que es la vida y, de alguna manera, es ya anticipo de la vida nueva que vivirás tras ésta. La Misa es el rito más profundo e inabarcable y es compendio de la vida cristiana. Además, es acción de gracias y necesitamos dar gracias en todo momento, pues no hay mayor felicidad que la del que se sabe regalado. Y es necesario hacerlo en comunidad, pues Cristo nos lo señaló así; nuestra fe no es de solitarios sino de hermanos que comparten un mismo credo. Por tanto, no les niegues a tus hermanos el amor de tu fe cada domingo y, si lo necesitas, cada día.
Sí, es necesario compartir y, por eso, busca la Palabra en compañía, reza con otros, disfruta de los Sacramentos con los demás, sobre todo con los más próximos, con tu prójimo, y, más que nadie, con quien compartes cada día. Haz con ella, al menos, la oración nocturna y, déjame decirte, que aunque uno de vosotros, o los dos, acabéis abatidos por el sueño, no habrá nada en el día que contribuya más en vuestra convivencia.
La soledad, el dolor y la muerte son los miedos del camino. Cristo se ofrece para superarlos, dándote compañía, revelándote el sentido y resucitándote tras el día postrero. Este Mundo, en cambio, a la soledad le añade angustia, al dolor penuria, a la muerte tragedia. Así que verás que, como cualquier regalo, nada se te pide, todo se te ofrece, sólo hace falta aceptarlo. Y aceptado, descubrirás que, cada día, tú mismo y los otros se harán más el Otro y tu amor será más pleno. Y la vida tendrá sentido y siempre estará colmada de Esperanza.
Y con ello, nos despedimos y te aseguramos que nunca te hemos dado mejor presente que el que conllevan estas palabras. Así que, disfruta de tu regalo y entiende que el cristianismo no es un conjunto de normas ni de ritos ni de creencias en común, aunque, como cualquier cosa de los hombres, las tenga, sino que es la historia de un encuentro personal de uno mismo con Cristo. Ya muchas de tus puertas se las has abierto, sigue abriéndolas una a una para que Él habite en ti, aunque su amor es tan inmenso que sólo la eternidad lo abarcará.


 
Juan Pablo Navarro 
maratania@maratania.es

Sor Adela y la vida contemplativa en el convento de madre de Dios

Madre de Dios niño jesus jeronimo hernandez
Como una de las virtudes divinas es la paciencia, no es de extrañar que haya pasado más de un año desde que iniciamos el proyecto de realizar una guía del convento de Madre de Dios que ayudase a su conservación y que hasta ayer no haya podido acercame a hacer fotografías. ¿Cuánto pasará hasta que lo publiquemos?. Pero bueno, la cosa es que, con mi amigo, el arquitecto Miguel Ángel López, me acerqué allí y disfruté de una de esas mañanas que guardo en mi memoria y hacen grato mi trabajo.
Subimos a la hornacina principal del altar mayor y pude contemplar desde esa altura los esplendidos alfarjes de la capilla mayor. La nave de la iglesia y el coro se extendían ante mis ojos, acompañado por la magistral imagen de la Virgen del Rosario de Jerónimo Hernández. Los ojos del Niño Jesús que sujeta en sus brazos tienen una mirada melancólica que te atrapa y no te suelta.
Bajamos a la nave para retratar el altar mayor y los laterales de excelente talla. Un enorme artesonado cubre la iglesia y alcanza al coro, zona claustral en la que pude entrar. El coro bajo lo separa del alto una colosal cubierta de fuerte vigas de madera. Allí se encuentra un esplendido santo Domingo de mirada arrobada, también de Jerónimo Hernández.
Miguel Ángel se había tenido que marchar, así que continué ese paseo con la abadesa, sor Adela. Tuve la misma impresión de hace un año, un rostro radiante de una mujer enamorada, al que sólo contemplarlo contagiaba la alegría. Era evidente que su pasión no sufría el tiempo, ésta no se marchitaba sino que arrraiga más y más.
La conversación con ella fue intensa. Hablamos sobre la contemplación, sobre la vocación y, sobre todo. de Cristo; me comentó como un día, sorpresivamente, sintió una voz del corazón que cambió todos sus planes y de la que tuvo la certeza de no poder resistir, hablamos de que todas las vocaciones proceden actualmente de África, de que el ruido de nuestra sociedad oculta a Cristo; me narró la historia de Paco, la de un drogadicto donde la esperanza iba ganando al miedo; me afirmó la alegría y el regalo que es Cristo. Gestos, silencios y palabras sonaban en ella a plenos, llenos, alejados de la vacuidad de los que vivimos extramuros.
Nuestra sociedad no comprende la vida contemplativa y, sin embargo, hemos de colegir que sólo cuando contemplamos vivimos, sólo cuando sentimos la mano caliente de nuestro hijo lo acompañamos, solo cuando saboremos comemos, solo cuando miramos al otro lo vemos. Quietos o en movimiento, callados o hablando, solos o en compañía, solo cuando contemplamos, estamos. Por eso, sor Adela ha escogido la mejor parte (Lc 10,38-42) y su vida lo refleja. Por eso, mi cámara, de la nave penumbrosa sacaba luz, pues contemplaba el tiempo exacto que necesitaba su mirada.

Juan Pablo Navarro
maratania@maratania.es

Sábado Santo; Cristo descendió a los infienos para llenar la muerte con su luz

Hoy es Sábado Santo y Cristo ha descendido a los infiernos, es decir, ha compartido la experiencia de la muerte.
Hablaba el otro día en ”Los Límites del Amor" de nuestra incomunicación, de nuestra íntima soledad que nos frustra la plenitud y sobre la esperanza en poder algún día colmarla. Así, en esta día en que Cristo muerto reposa en el silencio de  la muerte, creemos que, entonces, accedió a ese reino oscuro, allí donde estaba la más profunda soledad, la más profunda incomunicación, y lo llenó con su Luz y nos abrió la puerta de la eternidad.
Y así, confiamos en que la muerte ya no es negrura, ya no es soledad sin fin, ya no es la nada; y que, cuando llegue nuestra hora, un rostro que es Amor nos acompañará para atravesar esa puerta y alcanzar la eterna, la infinita, la plena Luz de Dios.

Juan Pablo Navarro
maratania@maratania.es

Los límites del Amor y la necesaria Esperanza

Existen barreras para el Amor que dan sólo amor, amor escaso, cercado, de alguna manera frustrado. Cuando el instante que queremos eterno se nos escapa, cuando mirando lo admirado no alcanzamos a aprehenderlo y cuando al ser salvado de las aguas y con gesto agradecido queremos abrazar al que nos dio la mano, comprobamos los limites de nuestros gestos.
Sólo una pared que tocamos, voces que se nos esfuman, sólo una mirada que, cuando más amamos, es como mirar al otro lado a través de un cristal, son el corto premio a nuestra búsqueda. Y aunque amemos confiados siempre hay un más allá que se nos va. Y así, como al contemplar el atardecer en la playa nos regalamos para que no se nos escape ni el tiempo ni el espacio y que todo nuestro yo esté en ese entonces, intensamente, en ese allí, es, en conclusión, sólo arena que resbala de nuestras manos.
Así que entonces, ahora, aquí, sólo me que queda agarrarme a la Esperanza de que habrá un tiempo que no será Tiempo, un Aquí que no será aquí, que será un Cielo en que tú, yo y Él seremos, sí, solo Amor, Amor eterno, Amor total. Que así sea.

Juan Pablo Navarro

La Navidad y la mirada del corazón sencillo


Celebramos en estos días de Navidad un hecho increíble, incomprensible, inabarcable: Dios se ha hecho hombre; la Lógica eterna se ha hecho criatura mortal, el Creador se ha hecho Frágil. Sí, frágil como un Niño que nace en una aldea perdida y que, sin siquiera lugar en la posada, duerme donde come el ganado.
Historia extraña esta la de un Dios hecho Niño dispuesto a vivir negado desde su nacimiento. Solo unos pocos lo reconocerán: sus padres pobres, María y José, los pastores, gente mal vista en su sociedad, y unos extranjeros, unos magos de oriente. Todos ellos lo descubrirán con la mirada sencilla del corazón que enseña lo que los sentidos no abarcan.
Y sin embargo, el silencio de Dios irrumpió en la historia y comenzó a hablar a través de la vida de ese Niño que un día morirá en la cruz, otra vez negado, otra vez sólo reconocido por unos pocos que más tarde lo descubrirán resucitado. Y así, desde la fragilidad, desde la completa dependencia, desde la absoluta debilidad de ese Niño, la Luz empezó a colarse por una rendija abierta en el corazón del Hombre, y la esperanza de una libertad plena, de un amor eterno, de una justicia infinita inició su caminar por los senderos de la historia, y la máscara de la realidad aparente y caduca que nos muestran nuestros sentidos empezó a dejar de cubrir esa realidad nueva que se descubre desde el corazón sencillo que la busca.
Así que, FELIZ NAVIDAD.
Juan Pablo Navarro

La alegoría de la meteorología de la JMJ - La vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud

La Vigilia de la JMJ 2 
Providencial alegoría la que la naturaleza casual nos brindó en la celebración de la Vigilia de la JMJ en Cuatro Vientos. Primero, un calor de desierto, luego la tormenta, por último, la calma y el silencio. Pudo parecer al necio bufón que sus anhelos se habían cumplido; la naturaleza había bramado y callado al Papa y, sin embargo, el hombre sabio y creyente descubrió la bendición de Cristo.
Sí, fue calor de desierto el que sufrieron cerca de dos millones de jóvenes. Es el desierto el lugar donde todo lo necesitamos; donde el pueblo de Israel peregrinó en busca de la Tierra Prometida; donde Cristo venció las tentaciones; el símbolo del mundo donde trascurren nuestros días. Con ese calor, cinco jóvenes plantearon sus preguntas, sus dudas, sus desiertos; desde los temores de una alemana que se iba a bautizar hasta el sentido del dolor y el hambre que una keniata sufre en su tierra. Y, cuando el Papa iniciaba su homilía, el calor se transformó en tormenta. Así, del desierto donde se experimenta el silencio de Dios se pasó a la luz que ilumina el cielo oscuro y al trueno que resuena poderoso.
En la tormenta sufrieron nuestros antepasados el miedo de una naturaleza que les sobrepasaba y les hacía pequeños. Pero un día que se remonta a nuestro más profundo pasado, un hombre descubrió la idea más trascendente, descubrió la idea de Dios. Encontró un Otro que es luz y que nos habla. Descubrió un Otro que nos guía y nos escucha.
Por otro lado, la tormenta significa los contratiempos de la vida que nos hacen zozobrar: la duda, el dolor y la muerte. Así que, tras veinte minutos de lluvia, rayos y truenos, el hombre humilde y creyente no reanudó su discurso sino que simplemente dio “gracias por vuestra alegría y resistencia” y afirmó que “el Señor con la lluvia nos manda muchas bendiciones. También en esto sois un ejemplo”. Y es que la Palabra más importante iba a resonar como un luminoso y estruendoso grito en el más estremecedor de los silencios.
Un humilde círculo de pan bendecido, un sencillo pan obra de la mano del hombre, se expuso a los bendecidos y ellos lo contemplaron. Y donde el necio bufón no vería ni escucharía nada, donde solo la burla seca y árida pasaría por su mente, ellos vieron y escucharon a Cristo. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y el humilde pan fue Cristo y camino de eternidad. Y dos millones de silencios clamaron con un solo eco de vida, de amor, de trascendencia. La lagrima regó el rostro, el corazón latió y el cuerpo se estremeció y hasta el más necio, el más indiferente, el más amante de la Verdad que lo contempló, supo que el silencio hablaba, que un calor abrasador recorría cada alma, que una luz intensa mostraba el camino, que una atronador voz nos interpelaba y que sólo podíamos reconocer que Cristo estaba allí. Y que desde allí, al sur, al norte, al este y al oeste, a los cuatro vientos, habría más de dos millónes de jóvenes voces que le pondrían rostro, pies y manos. Laus Deo.

La duda en la Introduccíon al Cristianismo de Joseph Ratzinger - Benedicto XVI

Cuando lo eligieron Papa no lo comprendí. Me quedé perplejo y no entendía el porqué. ¿Cómo lo habían elegido a él? Sin duda estaba influido por la imagen que el mundo da de cada cual, una apariencia que no acerca sino aleja de la persona real que representa. Posiblemente esperaba un Papa más acorde con lo que el mundo esperaba, alguien más cómodo para no ser atacado por los intransigentes. En realidad, a Joseph Ratzinger no lo conocía, sólo había oído hablar de Ratzinger Z.
Lo empecé a conocer cuando escuché atentamente su primera homilía en la que iba explicando toda la simbología que acompañaba a su nuevo oficio. Era un lenguaje claro, preciso, humilde. Recordaba a un profesor que sabía que su servicio era, con completa humildad, enseñar lo poco que sabía a los demás. Mi imagen de él empezó a cambiar y la duda se trocó en esperanza.
La lectura de sus libros me han llevado a conocerlo personalmente, como conocemos a Cervantes, a Shakespeare, a Moliere. Y con ellos llegó la admiración. Encontré un pensamiento abierto, profundo, tolerante. En ellos se respira generosidad, humildad y, sobre todo, se descubre una intensa búsqueda de la verdad a través de la razón y a través de la fe. En ella se encuentra a un hombre asido a Verdad que es Cristo.
Releo este verano uno de sus libros más reconocidos, “La Introducción al Cristianismo” (1968), en el que trata sobre lo que creemos los cristianos. Comparto con vosotros un breve resumen de los que dice sobre la duda y la fe en la introducción a la Introducción:
El creyente no vive sin problemas, sino que está siempre amenazado por la caída en la nada. Pero tenemos que reconocer y hemos de decir que los destinos del hombre se entrelazan: tampoco el no-creyente vive la existencia encerrada en sí misma, …, siempre le acuciará la misteriosa inseguridad de si el positivismo tiene realmente la última palabra…
Es ley fundamental del destino humano encontrar lo decisivo de su existencia en la perpetua rivalidad entre la duda y la fe, entre la impugnación y la certidumbre. Quizá justamente por eso, la duda que impide que ambos se cierren herméticamente en lo suyo, pueda convertirse ella misma en un lugar de comunicación. Impide a ambos que se recluyan en sí mismos: al creyente lo acerca al que duda y al que duda lo lleva al creyente. Para uno es participar en el destino del no creyente; para el otro la duda es la forma en que la fe, a pesar de todo, subsiste en él como reto.”
Termina su reflexión de la siguiente manera refiriéndose más en concreto a la fe en Cristo:
“Como hemos visto anteriormente, esto no nos libra de pensar. ¿Eres tú de verdad el que ha de venir? esto es lo que, en un momento duro y angustioso, preguntó Juan Bautista… El creyente vivirá siempre en esa oscuridad que crea a su alrededor, como prisión en la que no pude huir, la oposición del que no cree. La indiferencia del mundo, que sigue adelante cono si nada hubiera sucedido, parece ser sólo una burla a sus esperanzas. ¿Lo eres realmente? A hacernos esta pregunta nos obliga la honradez del pensamiento y la responsabilidad de la razón, y también la ley interna del amor que quisiera conocer más y más a Aquel a quien ha dado su sí para poder amarlo más y más…”
De esta manera, añado yo, los creyentes y no-creyentes no son, gracias a la duda, rivales en un campo de batalla sino buscadores de la verdad; los no-creyentes creeran que esa búsqueda se encuentra en la soledad de su pensamiento y los creyentes la buscarán en la experiencia gozosa del encuentro con Cristo, la Verdad que nos hará libres (Juan, 8, 32). No habrá batalla entre personas, habrá guerra entre el Bien y el Mal donde nunca debemos prejuzgar al aliado, pues como dijo Jesús, quien no está contra nosotros está a favor nuestro (Marcos, 9, 40).
Espero que esta breve reseña ayude a poner en duda la idea que tenías del hoy Benedicto XVI. Y ello no tiene importancia por él, ya que ningún cristiano sigue al Papa, de igual manera que no seguimos a San Pedro, a San Francisco de Asís ni a Teresa de Calcuta; seguimos a Cristo. Y, por ello, por honradez y por razón, debemos remover los obstáculos y dudas que nos alejan de su amor gratuito.
P.D. : El 25 de septiembre de 2011, Benedicto XVI ha pronunciado la siguiente frase en su viaje pastoral a Alemania: “Un agnóstico que no encuentra la paz por la cuestión de Dios y tiene deseo de un corazón puro está más cerca de Dios que los fieles rutinarios que ya solamente ven en la iglesia al b0ato. sin que su corazón quede tocado por la fe”

Procede de la Bitácora de Maratania

La Solemnidad de Corpus Christi. Historia y sentido

http://maratania.files.wordpress.com/2011/06/corpus3-maratania.jpgLa Solemnidad de Corpus Christi se remonta al siglo XIII. Las visiones de Santa Juliana de Mont y el milagro de Bolsena contribuyeron a que Urbano IV publicase la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” cada jueves después del domingo de la Santísima Trinidad.
El propio Urbano IV había conocido de la propia Juliana su visión de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra que significaba la ausencia de una fiesta para conmemorar la Eucaristía. Por otro lado, ocurrió el hecho milagroso de Bolsena: En el año 1264 el Padre Pedro de Praga dudaba sobre el misterio de la transustanciación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. Acudió así en peregrinación a Roma para pedir sobre la tumba de San Pedro la gracia de una fe fuerte. De regreso de Roma, cuando celebraba la Santa Misa en Bolsena, la Sagrada Hostia sangró llenando el Corporal de la Preciosa Sangre. Éste, aún se conserva en la catedral de Orvieto.
Como parte de la celebración de esta festividad, la procesión del Corpus Christi, en la que la hostia consagrado sale del sagrario de la iglesia y recorre las calles en una custodia, es tradicional en muchas localidades del orbe católico. En España, son singularmente famosas las de Toledo, Sevilla y Granada.
La Eucaristía es una experiencia fundamental ligada a la vida de cualquier santo, de cualquier católico. En ella se condesan las virtudes cristianas de fe, esperanza y caridad. Por ello, cualquier cristiano que quiera vivirlas con intensidad pone la Eucaristía en el centro de su vida y no hay ningún santo que en ella no se centrase desde San Francisco de Asís a Teresa de Calcuta, desde San Pablo al más humilde de los santos anónimos. La Eucaristía es Parusía, significa la presencia viva de Cristo y es anticipo de su segunda venida. Confiamos en Dios, esperamos la venida de Cristo y vivimos en su Amor.
Decía el paleontólogo (descubridor junto con Henri Breuil del Homo erectus pekinensis) y teólogo jesuita Teilhard de Chardin en “El medio divino”: “No hay más que una misa y comunión. Estos actos diversos no son, sino puntos, diversamente centrales, en los que se divide y se fija para nuestra experiencia en el tiempo y en el espacio, la continuidad de un gesto único. En el fondo, sólo hay un acontecimiento que se desarrolla en el mundo: la Encarnación, realizada en cada uno por la Eucaristía. Todas las comuniones de una vida constituyen una sola comunión. Las comuniones de todos los hombres presentes, pasados y futuros constituyen una sola comunión…
Benedicto XVI lo reseñaba al decir que “La función del sacerdocio es consagrar el mundo para que se transforme en hostia viva, para que el mundo se convierta en liturgia: que la liturgia no sea algo paralelo a la realidad del mundo, sino que el mundo mismo se transforme en hostia viva, que se convierta en liturgia. Es la gran visión que después tuvo también Teilhard de Chardin: al final tendremos una auténtica liturgia cósmica, en la que el cosmos se convierta en hostia viva.”

Shahbaz Bhatti y el tiempo del perdón

http://maratania.files.wordpress.com/2011/04/shahbaz-bhatti.jpg“Rezad por mí y por mi vida. Soy un hombre que ha quemado sus barcos, no puedo y no quiero retroceder: voy a luchar contra el extremismo y defenderé a los cristianos hasta la muerte”
Se llamaba Shahbaz Bhatti, una lluvia de tiros lo mataron. Lo mataron unos hombres piadosos. Él lo sabía. Era el ministro para las minorías religiosas de Pakistán y había recibido numerosas amenazas de muerte por su intento de derogar la ley sobre la blasfemia, que condena a muerte a quien insulte el Islam o al profeta Mahoma. Era uno de estos raros políticos que consideran que el poder no es para dominar sino para servir; y eligió servir a los débiles y, entre ellos, a la más débil: una mujer, una madre, una prisionera, católica como él, Asia Bibi, condenada a muerte por esa ley.
Sí, él sabía que lo iban a matar y, el 2 de marzo de 2011, ocurrió. Sí, él lo sabía y, por eso, dejó un mensaje para después de su muerte: “Sólo busco un sitio a los pies de Jesús… me consideraría un privilegiado si (por ayudar a los necesitados, los pobres y los cristianos perseguidos de Pakistán) Jesús quiere aceptar el sacrificio de mi vida.”
Sin duda, Caín era un hombre piadoso, de esos que creen que Dios le debe algo por ello. Pero ya sabéis que, entre Caín y Abel, las cosas no fueron bien. Caín atacó a su hermano Abel y lo mató. Su vida futura sería el exilio; y él, que se había hecho señor de la vida de su hermano, temía por la suya:
“Mi culpa es grave y me abruma. Si hoy me haces extranjero en esta tierra, tendré que ocultarme de ti, andando errante y perdido por el mundo; el que tropiece conmigo me matará.
El Señor le dijo: El que mate a Caín lo pagará siete veces.
Y el Señor marcó a Caín, para que, si alguien tropezaba con él, no lo matara.”
Caín no busca el perdón, vive en una angustia que le abruma y ve, en los demás, asesinos como él que no respetarán su vida. Sin embargo, Dios no sólo no ejecuta al asesino de Abel sino que, tras mostrarle que sin Él sólo se vive como un ser errante, le brinda su protección. ¡Qué idea de Dios tan sorprendente la que tenía este escritor de hace más de 2.500 años! No es de extrañar que la asociación contra la pena de muerte vinculada al Partido Radical italiano se llame “Nadie Toque a Caín”.
El autor del Génesis imaginó un mundo perfecto en sus inicios, sin violencia, un mundo en el que, incluso, todos eran vegetarianos:
“Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”.
Sin embargo, ese mundo idílico se había roto. Entre los descendientes de Caín está un malvado llamado Lamec. Esta es su justicia:
“Yo maté a un hombre por una herida, y a un muchacho por una contusión. Porque Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete”.
Su justicia es una cruel venganza. Aquí resume el Génesis el punto más bajo de la humanidad.
Siglos después, un hombre joven recorrió los campos de Israel proponiendo el perdón como el centro de su doctrina: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces? Jesús le respondió: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mateo 18, 21-22). A Él también lo mataron unos hobres piadosos. Sí, Él lo sabía. Y, en su muerte, tal como lo narra Lucas, también estaría el perdón en el centro:
Lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen… Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro lo increpaba, diciéndole: ¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino. Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.”
Sí, él ofrecía un perdón gratuito y perdonaba a todos porque no sabían lo que hacían. Cómo no perdonar al que camina a ciegas y derrumba todo lo que con él se tropieza porque sin Luz sólo se puede caminar errante.
Paul Bhatti, el hermano de Shabazz, ha dicho: “No he dudado en perdonar a los asesinos… para un cristiano, es un paso necesario para combatir el odio”.

Juan Pablo Navarro
maratania@maratania.es

Los sentidos de la Semana Santa sevillana

http://maratania.files.wordpress.com/2011/04/nazarenos.jpgEl Arte ha buscado siempre alcanzar una obra que satisfaga a todos los sentidos y al espíritu. En la Semana Santa sevillana se encontró ya hace decenios. La vista alcanza a contemplar la belleza de las imágenes, el colorido de la procesión, la emotiva danza de los pasos. El oído se recrea en los sones de la música, en el arrastrar de los pies de los costaleros, en el cantar de las saetas. El olfato huele las flores, el incienso y la cera, mientras el tacto siente como los labios besan la madera de vírgenes y cristos, el roce de la bulla y la piel se emociona en un momento eterno. Hasta las torrijas, los pestiños y la comida de cuaresma deleitan el sentido del gusto.
A este arte total lo redondea la necesaria participación activa del público fiel que las contempla en silencio o bullicioso, sentado o de pie, quieto o moviéndose con la multitud. Unido a la cofradía como devoto o espectador, orante o festivo, como simple curioso o colmado de pasión.
Y qué decir del espíritu. Todo serìa una simple pantomima si la representación que se lleva a cabo no recordara el hecho religioso de la muerte de Cristo. Todo sería vacío si las imágenes no le simbolizaran a Él. Todo sería falso si los actores de la Semana Santa no creyesen esta realidad de fe. Esto es de tal manera, que esta religiosidad impregna la actitud del cristiano y, también, la de todos aquellos que acuden a la Semana Santa movidos por la tradición, la experiencia del rito o la belleza de las procesiones.
La Semana Santa es así un completo goce de los sentidos, una simbiosis entre actores y espectadores, una forma única en que toda una ciudad, Sevilla, se une ante un hecho religioso para creerse y crearse cada año con ritos centenarios y, a su vez, llenos otra vez de novedad, de fe y de amor. Es la conmemoración plena de la muerte de Cristo y la expectativa, ya festiva, de su Resurrección.

Juan Pablo Navarro
maratania@maratania.es

¿Qué probó su muerte?

Hoy es Viernes Santo. Tú lo sabes, Cristo ha muerto en la cruz. Su muerte fue la prueba que necesitaron para desenmascararlo. El poder religioso de Israel se alió con el poder político de Roma y lo crucificó. Habían ganado. Dios no había venido en su ayuda para bajarlo de la cruz. Estaba claro, era un falso profeta y ellos tenían razón. La razón del poder que nos domina había triunfado. La muerte lo había probado.

Ese hombre que había predicado un Reino de Dios que habitaba en el corazón de cada hombre, que había ofrecido el perdón y el servicio de unos a otros como los signos visibles de su reinado, había sido derrotado… Pero a los tres días resucitó.

Jesucristo, muerto en la cruz a manos del dominio de los hombres, había cambiado el sentido de la humanidad: el mal, el sufrimiento y la muerte ya no eran la última palabra, causas de vacío y desesperación. El amor, el perdón y la vida eterna eran los tesoros que tendríamos que compartir una humanidad de hermanos.

Para muchos, la muerte sigue siendo la prueba del fracaso. Como Pilatos, creen que la Verdad es inalcanzable y es mejor confortarse con las cosas de aquí; sobre todo la más golosa: dominarnos los unos a los otros.

Para otros, Cristo reina desde entonces y buscan vivir confiados en Él porque ya nos salvó.
Desde entonces, una pregunta nos acucia ¿Creemos en la muerte que dio razón al dominador o en la resurrección que descubrió en el débil al Todopoderoso?

Así concluye el salmo 22:
Todos los confines de la tierra
se acordarán y volverán al Señor;
todas las familias de los pueblos
se postrarán en su presencia.
Porque sólo el Señor es rey
y él gobierna a las naciones.
Todos los que duermen en el sepulcro
se postrarán en su presencia;
todos los que bajaron a la tierra
doblarán la rodilla ante él,
y los que no tienen vida
glorificarán su poder.
Hablarán del Señor a la generación futura,
anunciarán su justicia
a los que nacerán después,
porque esta es la obra del Señor.

Juan Pablo Navarro
maratania@maratania.es
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