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Preguntas sin repuestas y Resurrección

Las incertidumbres que nos acompañan durante nuestras vidas acucian al meditar sobre la Pasión del Señor. La incomprensión ante el silencio de Dios, la injusticia, el dolor, la soledad y la muerte se convierten en hechos reales en los padecimientos de Jesús en su oración del Huerto de los Olivos, en su condena, en sus insufribles padecimientos, en su completo abandono, en su muerte.
De la misma manera que Pilatos, preguntamos:"¿Qué es la Verdad? Y respondemos que la Verdad es Cristo y que Él respondió al silencio del Padre con la confiada aceptación de su Voluntad; a su condena con perdón; al dolor con Amor; a la soledad con su entrega absoluta a los demás; a la muerte con Esperanza.
Y por ello, hoy, que celebramos la Pascua de Resurrección, sabemos que las preguntas sin respuestas se convierten en afirmaciones rotundas cada vez que descubrimos la Verdad en el Resucitado, en la convicción profunda de que Jesús de Nazaret vive y nos ha redimido de todas nuestras incertidumbres.
Juan Pablo Navarro Rivas

La Música y Dios

Soy un simple aficionado a la música y lo ignoro todo respecto a la teoría musical. Con mucha dificultad puedo descubrir las entrañas de cualquier composición y, sin embargo, la música me emociona y me eleva. Hay algo singular en nuestra especie que hace que cualquier hombre de cualquier época ante un conjunto de notas dispuestas de determinada manera pueda sentir las lágrimas de san Pedro en la Pasión según San Mateo de Bach o ganas de bailar con Radiohead.
No nos diferenciamos en nada de aquel hombre que fuimos y que, en torno a la hoguera, escuchaba atento una historia arcana, que podría no entender, mientras vibraba con los sonidos sincopados de primitivos instrumentos. Algo inmensamente bello debió depositar el buen Dios en aquella ameba primigenia de la que todos descendemos y que navegaba silente por océanos inmensos escuchando la música celestial de las esferas, de manera que a ti y a mí, la música siga, como ameba multiforme, adaptando nuestras formas de estar, nuestras formas de pensar, nuestras vidas en suma y ayudándonos a descubrir la alegría, la tristeza, el desasosiego, el enternecimiento, la agitación, la inquietud, el temor, el amor, la belleza, la superficialidad, la transcendecia, las más intensas emociones; la exaltación y el silencio que lleva a Dios.


"Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa"  
Salmo 146.
Juan Pablo Navarro Rivas

Belén Significa la Casa del Pan

“La adoración de los Reyes Magos” - Giotto (1304-1306) 

rada literatura que extiende sus metáforas en el espacio y en el tiempo. Hay quien afirma que, cuando los israelitas ocuparon Belén, se llamaba en cananeo Beth Lahamu, Casa del dios Lahamu, que solía ser representado como una serpiente, como el símbolo del Mal para los judíos. En cualquier caso, lo que es seguro cierto es que en hebreo Bet Léhem se traduce por Casa del Pan.

Tuvieron que pasar más de mil años para que este juego de palabras, esta casa del mal vencido que se transforma en casa del pan, se hiciese Palabra y cobrase todo su sentido. Ya lo sabéis, allí, en un pesebre, donde come el ganado, el Creador se hizo Criatura y se hizo Pan de Vida.
Sí, se hizo pan, el alimento más sencillo y más necesario: «el fruto de la tierra y del trabajo del hombre» que el mismo Dios recrea:

Yo soy el pan vivo que bajado del cielo; el que coma de este pan, vivirá para siempre. (Jn 6, 51)

Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:

Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía”. (Lc 22, 19-20)

Caminemos pues esta Navidad a Belén para adorar a ese Niño que es Dios hecho hombre y comamos alegres su Pan, que es Paz, que es Amor, que es Perdón, que es Eucaristía, y descubrámoslo -confiados y amantes- en el silencio, en la oración, en el servicio al prójimo, con la esperanza cierta de que Él nos transforme y vivamos ya para siempre.

Juan Pablo Navarro

Veinte peticiones para los veinte misterios del Santo Rosario

Este verano, el día de la Asunción, el Papa Francisco, desde el balcón de Castelgandolfo, lanzó esta pregunta: "¿Vosotros rezáis el Rosario todos los días". Mi respuesta fue un claro no y desde entonces me he aplicado en su oración diaria.
En el Rosario, el incansable repetir de padrenuestros y avemarías acalla el cerebro para que el corazón medite los misterios principales de la vida de Cristo y de la Virgen. Como toda oración, la base es el silencio que escucha para entablar un diálogo donde bendecimos, adoramos, pedimos, intercedemos, damos gracias y alabamos.
Desde esta mirada me atrevo a rogar una serie de peticiones inspiradas en los misterios del Rosario:


Misterios Gozosos
Primer misterio:  
La Anunciación y Encarnación del Hijo de Dios en las purísimas entrañas de la Virgen María. 
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que con corazón alegre seamos esclavos del Señor.

 Segundo misterio: 
La Visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que, como tu prima Isabel, descubramos a Cristo en Ti.

Tercer misterio: El nacimiento del Niño Jesús en el pobre y humilde portal de Belén.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que, como los pastores, libres del miedo, descubramos y adoremos a Jesús en la debilidad, en la humildad y en la gloria del pesebre.
 
Cuarto misterio: La Purificación de la Virgen María y Presentación del Niño Jesús en el Templo.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que, como Simeón, aguardemos confiados la llegada del Salvador y aceptemos, como tú, al Signo de Contradicción aunque una espada nos atraviese el corazón.
 
Quinto misterio: El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que descubramos a Cristo en la Iglesia y en el templo de nuestro corazón.


Misterios Luminosos
Primer misterio: El bautismo de Jesús en el río Jordán.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que el Espíritu nos abra los cielos y descubramos al Hijo amado en el que el Padre se complace.
 
Segundo misterio: Jesús y María en las bodas de Caná.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que de igual modo que en Caná adelantaste la manifestación del Mesías en la cruz, la Eucaristía sea un adelanto de la Parusía, de la segunda venida de Nuestro señor Jesucristo.
 
Tercer misterio: Jesús anuncia el Reino de Dios e invita a la conversión.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que la Buena Noticia se haga reino en nuestro corazón y la compartamos alegres y amorosos con nuestro prójimo, de igual manera a como Cristo amó.
 
Cuarto misterio: La transfiguración de Jesús en el monte Tabor.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que en un "continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar", traigamos "el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios" (del último Ángelus de Benedicto XVI) 

Quinto misterio: La institución de la Eucaristía.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que la Eucaristía sea fuente, centro y culmen de nuestra vida cristiana.


Misterios dolorosos 
Primer misterio: La oración de Jesús en el huerto de Getsemaní.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que aceptemos a través de la oración continua la Voluntad de Dios aunque no coincida con la nuestra.

Segundo misterio: La flagelación de Jesús, atado a la columna.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que aceptemos que nos "azoten" por causa de la Justicia y descubramos el amor que se esconde en todo sufrimiento.

Tercer misterio: Jesús es coronado de espinas.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que aceptemos que nos insulten, nos persigan y calumnien de cualquier modo por Su causa.
 
Cuarto misterio: Jesús con la cruz a cuestas, camino del Calvario.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que aceptemos cargar con la cruz de cada día con amor manso y paciente.
 
Quinto misterio: La crucifixión y muerte de Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que aceptemos que nos crucifiquen  por causa del Perdón y del Amor


Misterios gloriosos
Primer misterio: La Resurrección del Señor.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que vuelvas a nosotros esos tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, nos muestres a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Segundo misterio: La Ascensión del Señor al cielo.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que volvamos siempre alegres a Jerusalén.

Tercer misterio: La venida del Espíritu Santo sobre el Colegio apostólico.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que el Espíritu Santo llene nuestra casa y sepamos hablar a cada uno en su lengua.

Cuarto misterio: La Asunción de Nuestra Señora al cielo.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que abogues para salvarnos de todo lo que nos juzga y nos mata y seamos, por el contrario, semilla sembrada en tierra buena que da fruto.

Quinto misterio: La coronación de la Virgen María como Reina del universo.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores para que Dios todopoderoso nos conceda que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria en el reino de los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén».

Juan Pablo Navarro

El Dios que imaginó Bertrand Russell


Bertrand Russell (1872-1970), aristócrata inglés, filósofo y Premio Nóbel de Literatura, fue un adalid del ateísmo. Él decía que, si se encontrase con Dios cara a cara cuando muriese, él exigiría una explicación de por qué no había hecho evidente su existencia. Pascal decía, por el contrario, que toda religión que no afirme que Dios está oculto, no es verdadera. 
Pero no es mi intención debatir con Russell. Al contrario, lo que quiero es meditar sobre el dios que se imaginó el ateo Russell para exigirle una respuesta. 
Ese dios hipotético llama en primer lugar la atención porque se le puede interrogar sin temor, no es un Baal terrorífico, no es un dios que nos obligue a escondernos. Respetuoso de nuestra libertad es un dios, por tanto, al que se le interroga porque se espera respuesta; es un dios dialogante. Y, así, esa pregunta nace de la esperanza de encontrar la Verdad en ese dios al que se interpela.
Además, es un dios humilde y débil que admite que se le juzgue: de igual modo que Cristo, a quien se le interrogó, acusó y condenó. Pero la pregunta de Russell no es una acusación ni una condena, parece más bien un lamento por no contemplarlo ya. Este dios deseado, debe ser, de esta manera, un dios que es Amor, meta de nuestra búsqueda incansable de la verdad. Recuerda su pregunta al amante que se duele de que su amor no haya sido eterno: Amado ¿por qué tardé tanto en conocerte?
Así que este dios de Russell me acerca al Dios que nos mostró Cristo, amor incondicional escondido en nuestro propio corazón.



"Es verdad: tú eres un Dios escondido, 
el Dios de Israel, el Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el señor salva a
Israel con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se sonrojen
nunca jamás.

...No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la estirpe de Jacob:
" Buscadme en el vacío."
 

...Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno más..." 

(Is. 45,15-26 )

Juan Pablo Navarro
 

Cuaresma: oración, limosna y ayuno

Jesús de la Pasión por Tortelero, 1747

Hoy es Miércoles de Ceniza, tiempo de oración, limosna y ayuno en el que nos preparamos para vivir la Pasión y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración que significa silencio para escuchar a Dios, hablarle y amarle.
Limosna que es silencio para escuchar al próximo, hablarle y amarle.
Y ayuno de todo lo que impide nuestro silencio, nuestra escucha y nuestro amor.

Y todo ello, no gracias a nuestro esfuerzo sino a nuestro recibir alegre de la salvación que Cristo ofreció para todos en la cruz como perdón de nuestros pecados.
 
Juan Pablo Navarro
maratania@maratania.es

La alegoría de la meteorología de la JMJ - La vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud

La Vigilia de la JMJ 2 
Providencial alegoría la que la naturaleza casual nos brindó en la celebración de la Vigilia de la JMJ en Cuatro Vientos. Primero, un calor de desierto, luego la tormenta, por último, la calma y el silencio. Pudo parecer al necio bufón que sus anhelos se habían cumplido; la naturaleza había bramado y callado al Papa y, sin embargo, el hombre sabio y creyente descubrió la bendición de Cristo.
Sí, fue calor de desierto el que sufrieron cerca de dos millones de jóvenes. Es el desierto el lugar donde todo lo necesitamos; donde el pueblo de Israel peregrinó en busca de la Tierra Prometida; donde Cristo venció las tentaciones; el símbolo del mundo donde trascurren nuestros días. Con ese calor, cinco jóvenes plantearon sus preguntas, sus dudas, sus desiertos; desde los temores de una alemana que se iba a bautizar hasta el sentido del dolor y el hambre que una keniata sufre en su tierra. Y, cuando el Papa iniciaba su homilía, el calor se transformó en tormenta. Así, del desierto donde se experimenta el silencio de Dios se pasó a la luz que ilumina el cielo oscuro y al trueno que resuena poderoso.
En la tormenta sufrieron nuestros antepasados el miedo de una naturaleza que les sobrepasaba y les hacía pequeños. Pero un día que se remonta a nuestro más profundo pasado, un hombre descubrió la idea más trascendente, descubrió la idea de Dios. Encontró un Otro que es luz y que nos habla. Descubrió un Otro que nos guía y nos escucha.
Por otro lado, la tormenta significa los contratiempos de la vida que nos hacen zozobrar: la duda, el dolor y la muerte. Así que, tras veinte minutos de lluvia, rayos y truenos, el hombre humilde y creyente no reanudó su discurso sino que simplemente dio “gracias por vuestra alegría y resistencia” y afirmó que “el Señor con la lluvia nos manda muchas bendiciones. También en esto sois un ejemplo”. Y es que la Palabra más importante iba a resonar como un luminoso y estruendoso grito en el más estremecedor de los silencios.
Un humilde círculo de pan bendecido, un sencillo pan obra de la mano del hombre, se expuso a los bendecidos y ellos lo contemplaron. Y donde el necio bufón no vería ni escucharía nada, donde solo la burla seca y árida pasaría por su mente, ellos vieron y escucharon a Cristo. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y el humilde pan fue Cristo y camino de eternidad. Y dos millones de silencios clamaron con un solo eco de vida, de amor, de trascendencia. La lagrima regó el rostro, el corazón latió y el cuerpo se estremeció y hasta el más necio, el más indiferente, el más amante de la Verdad que lo contempló, supo que el silencio hablaba, que un calor abrasador recorría cada alma, que una luz intensa mostraba el camino, que una atronador voz nos interpelaba y que sólo podíamos reconocer que Cristo estaba allí. Y que desde allí, al sur, al norte, al este y al oeste, a los cuatro vientos, habría más de dos millónes de jóvenes voces que le pondrían rostro, pies y manos. Laus Deo.

¿Qué probó su muerte?

Hoy es Viernes Santo. Tú lo sabes, Cristo ha muerto en la cruz. Su muerte fue la prueba que necesitaron para desenmascararlo. El poder religioso de Israel se alió con el poder político de Roma y lo crucificó. Habían ganado. Dios no había venido en su ayuda para bajarlo de la cruz. Estaba claro, era un falso profeta y ellos tenían razón. La razón del poder que nos domina había triunfado. La muerte lo había probado.

Ese hombre que había predicado un Reino de Dios que habitaba en el corazón de cada hombre, que había ofrecido el perdón y el servicio de unos a otros como los signos visibles de su reinado, había sido derrotado… Pero a los tres días resucitó.

Jesucristo, muerto en la cruz a manos del dominio de los hombres, había cambiado el sentido de la humanidad: el mal, el sufrimiento y la muerte ya no eran la última palabra, causas de vacío y desesperación. El amor, el perdón y la vida eterna eran los tesoros que tendríamos que compartir una humanidad de hermanos.

Para muchos, la muerte sigue siendo la prueba del fracaso. Como Pilatos, creen que la Verdad es inalcanzable y es mejor confortarse con las cosas de aquí; sobre todo la más golosa: dominarnos los unos a los otros.

Para otros, Cristo reina desde entonces y buscan vivir confiados en Él porque ya nos salvó.
Desde entonces, una pregunta nos acucia ¿Creemos en la muerte que dio razón al dominador o en la resurrección que descubrió en el débil al Todopoderoso?

Así concluye el salmo 22:
Todos los confines de la tierra
se acordarán y volverán al Señor;
todas las familias de los pueblos
se postrarán en su presencia.
Porque sólo el Señor es rey
y él gobierna a las naciones.
Todos los que duermen en el sepulcro
se postrarán en su presencia;
todos los que bajaron a la tierra
doblarán la rodilla ante él,
y los que no tienen vida
glorificarán su poder.
Hablarán del Señor a la generación futura,
anunciarán su justicia
a los que nacerán después,
porque esta es la obra del Señor.

Juan Pablo Navarro
maratania@maratania.es
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