“Rezad por mí y por mi vida. Soy un hombre que ha quemado sus barcos, no puedo y no quiero retroceder: voy a luchar contra el extremismo y defenderé a los cristianos hasta la muerte” Se llamaba Shahbaz Bhatti, una lluvia de tiros lo mataron.Lo mataron unos hombres piadosos. Él lo sabía. Era el ministro para las minorías religiosas de Pakistán y había recibido numerosas amenazas de muerte por su intento de derogar la ley sobre la blasfemia, que condena a muerte a quien insulte el Islam o al profeta Mahoma. Era uno de estos raros políticos que consideran que el poder no es para dominar sino para servir; y eligió servir a los débiles y, entre ellos, a la más débil: una mujer, una madre, una prisionera, católica como él, Asia Bibi, condenada a muerte por esa ley.
Sí, él sabía que lo iban a matar y, el 2 de marzo de 2011, ocurrió. Sí, él lo sabía y, por eso, dejó un mensaje para después de su muerte: “Sólo busco un sitio a los pies de Jesús… me consideraría un privilegiado si (por ayudar a los necesitados, los pobres y los cristianos perseguidos de Pakistán) Jesús quiere aceptar el sacrificio de mi vida.” Sin duda, Caín era un hombre piadoso, de esos que creen que Dios le debe algo por ello. Pero ya sabéis que, entre Caín y Abel, las cosas no fueron bien. Caín atacó a su hermano Abel y lo mató. Su vida futura sería el exilio; y él, que se había hecho señor de la vida de su hermano, temía por la suya: “Mi culpa es grave y me abruma. Si hoy me haces extranjero en esta tierra, tendré que ocultarme de ti, andando errante y perdido por el mundo; el que tropiece conmigo me matará. El Señor le dijo: El que mate a Caín lo pagará siete veces. Y el Señor marcó a Caín, para que, si alguien tropezaba con él, no lo matara.”
Caín no busca el perdón, vive en una angustia que le abruma y ve, en los demás, asesinos como él que no respetarán su vida. Sin embargo, Dios no sólo no ejecuta al asesino de Abel sino que, tras mostrarle que sin Él sólo se vive como un ser errante, le brinda su protección. ¡Qué idea de Dios tan sorprendente la que tenía este escritor de hace más de 2.500 años! No es de extrañar que la asociación contra la pena de muerte vinculada al Partido Radical italiano se llame “Nadie Toque a Caín”. El autor del Génesis imaginó un mundo perfecto en sus inicios, sin violencia, un mundo en el que, incluso, todos eran vegetarianos: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”.
Sin embargo, ese mundo idílico se había roto. Entre los descendientes de Caín está un malvado llamado Lamec. Esta es su justicia: “Yo maté a un hombre por una herida, y a un muchacho por una contusión. Porque Caín será vengado siete veces, pero Lamec lo será setenta y siete”.
Su justicia es una cruel venganza. Aquí resume el Génesis el punto más bajo de la humanidad. Siglos después, un hombre joven recorrió los campos de Israel proponiendo el perdón como el centro de su doctrina: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces? Jesús le respondió: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mateo 18, 21-22). A Él también lo mataron unos hobres piadosos. Sí, Él lo sabía. Y, en su muerte, tal como lo narra Lucas, también estaría el perdón en el centro: “Lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen… Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro lo increpaba, diciéndole: ¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino. Él le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.”
Sí, él ofrecía un perdón gratuito y perdonaba a todos porque no sabían lo que hacían. Cómo no perdonar al que camina a ciegas y derrumba todo lo que con él se tropieza porque sin Luz sólo se puede caminar errante. Paul Bhatti, el hermano de Shabazz, ha dicho: “No he dudado en perdonar a los asesinos… para un cristiano, es un paso necesario para combatir el odio”.
El Arte ha buscado siempre alcanzar una obra que satisfaga a todos los sentidos y al espíritu. En la Semana Santa sevillana se encontró ya hace decenios. La vista alcanza a contemplar la belleza de las imágenes, el colorido de la procesión, la emotiva danza de los pasos. El oído se recrea en los sones de la música, en el arrastrar de los pies de los costaleros, en el cantar de las saetas. El olfato huele las flores, el incienso y la cera, mientras el tacto siente como los labios besan la madera de vírgenes y cristos, el roce de la bulla y la piel se emociona en un momento eterno. Hasta las torrijas, los pestiños y la comida de cuaresma deleitan el sentido del gusto.
A este arte total lo redondea la necesaria participación activa del público fiel que las contempla en silencio o bullicioso, sentado o de pie, quieto o moviéndose con la multitud. Unido a la cofradía como devoto o espectador, orante o festivo, como simple curioso o colmado de pasión.
Y qué decir del espíritu. Todo serìa una simple pantomima si la representación que se lleva a cabo no recordara el hecho religioso de la muerte de Cristo. Todo sería vacío si las imágenes no le simbolizaran a Él. Todo sería falso si los actores de la Semana Santa no creyesen esta realidad de fe. Esto es de tal manera, que esta religiosidad impregna la actitud del cristiano y, también, la de todos aquellos que acuden a la Semana Santa movidos por la tradición, la experiencia del rito o la belleza de las procesiones. La Semana Santa es así un completo goce de los sentidos, una simbiosis entre actores y espectadores, una forma única en que toda una ciudad, Sevilla, se une ante un hecho religioso para creerse y crearse cada año con ritos centenarios y, a su vez, llenos otra vez de novedad, de fe y de amor. Es la conmemoración plena de la muerte de Cristo y la expectativa, ya festiva, de su Resurrección.
Hoy es Viernes Santo. Tú lo sabes, Cristo ha muerto en la cruz. Su muerte fue la prueba que necesitaron para desenmascararlo. El poder religioso de Israel se alió con el poder político de Roma y lo crucificó. Habían ganado. Dios no había venido en su ayuda para bajarlo de la cruz. Estaba claro, era un falso profeta y ellos tenían razón. La razón del poder que nos domina había triunfado. La muerte lo había probado.
Ese hombre que había predicado un Reino de Dios que habitaba en el corazón de cada hombre, que había ofrecido el perdón y el servicio de unos a otros como los signos visibles de su reinado, había sido derrotado… Pero a los tres días resucitó.
Jesucristo, muerto en la cruz a manos del dominio de los hombres, había cambiado el sentido de la humanidad: el mal, el sufrimiento y la muerte ya no eran la última palabra, causas de vacío y desesperación. El amor, el perdón y la vida eterna eran los tesoros que tendríamos que compartir una humanidad de hermanos.
Para muchos, la muerte sigue siendo la prueba del fracaso. Como Pilatos, creen que la Verdad es inalcanzable y es mejor confortarse con las cosas de aquí; sobre todo la más golosa: dominarnos los unos a los otros.
Para otros, Cristo reina desde entonces y buscan vivir confiados en Él porque ya nos salvó. Desde entonces, una pregunta nos acucia ¿Creemos en la muerte que dio razón al dominador o en la resurrección que descubrió en el débil al Todopoderoso?
Así concluye el salmo 22: Todos los confines de la tierra se acordarán y volverán al Señor; todas las familias de los pueblos se postrarán en su presencia. Porque sólo el Señor es rey y él gobierna a las naciones. Todos los que duermen en el sepulcro se postrarán en su presencia; todos los que bajaron a la tierra doblarán la rodilla ante él, y los que no tienen vida glorificarán su poder. Hablarán del Señor a la generación futura, anunciarán su justicia a los que nacerán después, porque esta es la obra del Señor.
James Joyce decía en su Ulises que hemos venido a aprehender los signos de las cosas. Terremotos, maremotos, guerra, horror, dolor y muerte nos interrogan: ¿Tienen estos algún significado? ¿No son un sinsentido? ¿No son suficientes razones para negar a Dios?
Es una esperanza que, en estos tiempos de descreimiento, el Dios Amor que nos mostró Jesús sea la única idea admisible para agnósticos y ateos: un dios bueno, enemigo del mal. Esto es una bendición, ya que los incrédulos que atisban la bondad del Dios cristiano, se acercan, aunque la luz todavía sea tenue, al camino que conduce a Él.
Aunque tristemente, aunque ya nadie cree en un dios malvado como Baal, paradójicamente lo adoramos en los becerros de oro que hacen esclavo al Hombre y lo sacrifica en sus altares. En realidad, cuando no confiamos en Dios, abrimos la puerta para que en nuestro corazón habiten los ídolos. Como decía Cristo: «de lo que está lleno el corazón habla la boca».
Para los cristianos, Jesús es Dios hecho Hombre. Como nosotros, compartió el sufrimiento, el mal y la muerte. Y ésta fue trágica: abandonado por sus discípulos, desacreditado, vencido, torturado. Con la única compañía de algunas mujeres, y del discípulo amado, su madre lloraba a un hijo que ante sus ojos moría en una cruz. Aunque en María, habitaba la esperanza.
Los cristianos no creemos que Jesús acabó fracasando ante la muerte. Sabemos que Él nos enseñó que Dios está con el que sufre, que, con cada hombre que acompaña al sufriente, es Dios mismo el que se acerca. Porque afirmamos que el Mal no tiene la última palabra y que el perdón nos redime. Y porque sabemos que la muerte no es el final, que la gracia puede hacer que un hombre nuevo nazca cada día, siguiendo a Jesús iluminados por el Espíritu Santo, y que, más allá de nuestra vida terrenal, alcanzaremos, por su misericordia, mirar cara a cara al propio Dios.
Sí, es cierto, el sufrimiento, el mal y la muerte deben sernos una revelación que aprehender para construir nuestra vida; no una estéril pregunta sin fruto.
Contemplar el mal armados de Cristo es la manera de enfrentarse a su sentido. Y aunque la duda nos haga andar con pies de plomo, cada vez que esta revelación nos alcance, sabremos que sí, que realmente vivimos y sabremos dónde vamos y a Quién vamos. Es ese el afán de cada día.
Estaba la semana pasada preocupado por esas cuentas que no salen. Por las expectativas de ingresos y gastos para este año que mucha imaginación y trabajo tendré que echarle para poder cuadrar. Uno de esos momentos en que miramos con nuestra imaginación el futuro inabarcable con desconfianza y desasosiego. Cuando nos sentimos vulnerables y no sabemos andar sobre el mar, y el miedo nos hace hijos del agobio.
Y, ¡oh casualidad?, el domingo escuché uno de mis textos más queridos, esas hermosas palabras que Mateo pone en boca de Cristo: “No os inquietéis por vuestra vida, pensando qué váis a comer, ni por vuestro cuerpo, pensando con qué se van a vestir… Mirad los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valéis más que ellos? ¿Quién de vosotros, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué os inquietáis por el vestido? Mirad los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo os aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por vosotros, hombres de poca fe! No os inquietéis entonces, diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?… El Padre que está en el cielo sabe bien que que lo necesitáis. Buscad primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. No os inquietéis por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su agobio.” Oscar Wilde lo comenta como nadie en “De Profundis”: “Cristo fue la primera persona que dijo a los hombre que debían vivir como las flores. Él fijó la frase... Dijo que no había que tomar demasiado en serio los intereses materiales, comunes; que ser impráctico es una gran cosa. Los pájaros no lo hacen ¿por qué ha de hacerlo el hombre?. Cristo trató el éxito mundano como cosa absolutamente despreciable… Miraba las riquezas como un estorbo para el hombre… Señalaba que las formas y las ceremonias se habían hecho para el hombre, no el hombre para las formas y ceremonias… Las filantropías frías, las caridades públicas ostentosas, los pesados formalismos… los denunció con desdén total e implacable… El predicó la enorme importancia de vivir completamente para el momento. Lo único que Cristo nos dice a modo de pequeña advertencia es que todo momento debe ser hermoso, que el alma debe estar siempre dispuesta para la venida del Novio, siempre esperando la voz del Amante…” ¿Qué puedo añadir a esto?. Quizá sólo recordar que entonces Wilde había perdido su fama, sus riquezas, su amante, su mujer, sus hijos, su salud, vivía prisionero en la cárcel de Reading y sólo le quedaba la “absoluta humildad”.
Hoy sigo agobiado con el mañana, sigo temiendo los caminos que se bifurcan; y es que el mismo Wilde lo advertía: “Cuando digo que estoy convencido de estas cosas hablo con demasiado orgullo… Se puede captar una cosa en un momento único, pero se la pierde en las largas horas que le siguen con pies de plomo… Es en la Eternidad donde pensamos, pero nos movemos despacio en el Tiempo.” Así que pienso en Aquel que no tenía ni dónde reclinar su cabeza y en el poeta doliente en la cárcel de Reading y me digo, sí, hoy, sólo hoy, me ocuparé de los afanes de este día.
Escribí sobre la casualidad el otro día, a propósito del diseño de una caja de pasteles para el convento de Santa María de Jesús, y, casualmente, a los pocos días, me llamó mi amigo Miguel Ángel López, el arquitecto que altruistamente dirige la rehabilitación del convento de Madre de Dios. Me invitaba a una reunión en la que se iba a estudiar la posibilidad de crear una fundación para ayudar a las monjas y quería, también, que colaborase en el diseño de una guía del convento.
Así que este domingo caminaba hacia allí. Venía de participar en la Eucaristía y, mientras andaba, meditaba sobre el Evangelio del día (Mateo 5, 17-37). Habla sobre la radicalidad del seguimiento de Cristo; con metáforas extremas que usan como imágenes las penas que una despiadada ley aplica cuando se incumple, expone como debe ser nuestra actitud y como se debe pasar de una norma ajena que imponen otros a una propia ejecutada por uno mismo (…, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; … Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; …), para alcanzar la plenitud. Parecida actitud a la del artista, a la del médico, a la del alpinista que viven con entusiamo su vocación. Pues bien, iba a tener la suerte de contemplar el rostro de alguien que se había tomado estas palabras en serio. Ya en el convento, en una sala aledaña a la iglesia, un buen grupo de personas hablamos sobre problemas, sobre como solucionarlos, sobre crear una fundación, estábamos contentos de oírnos, y, mientras tanto, la abadesa, siempre callada, nos escuchaba con una humilde y plácida sonrisa. Era la primera vez que la veía. Así que, al acabar la reunión, me presenté. Conversamos sobre el Arte y sobre Dios; afirmaba como esos artistas que habían labrado el extraordinario templo donde nos encontrábamos participaron de esa luz intensa que nos ilumina en nuestro corazón. Y que reconocemos que no es nuestra, que es de Otro, le indiqué. De lo que ella dedujo, sabiamente, que por eso, los que la abandonaban no caían en la cuenta de que habían renunciado a algo. Su rostro era más radiante que el de una mujer enamorada, sólo contemplarla contagiaba la alegría. De repente, con arrobo, acercando el Evangelio que tenía en sus manos a los labios, lo beso tiernamente mientras sentenciaba: cada vez que lo leo caigo en la cuenta de cuanto me queda por comprender. De la misma manera que una pareja que se ama sabe que solo la eternidad es tiempo suficiente para encontrarse, ella sabía que solo la eternidad es suficiente para conocer a su esposo, Cristo. Sin duda, nunca había visto a nadie con esa alegría, con esa humilde placidez, con ese entusiamo. Ella, seguro, ya vive el Reino de Dios.
El cristianismo vive durante 40 días la cuaresma, el tiempo de las bendiciones, el tiempo del perdón que culmina con Cristo en la cruz y con Cristo resucitado. En el camino que propone la cuaresma, ayer domingo, cientos de millones de personas reflexionaron sobre las tentaciones de Cristo (Mt 4, 1-11). Entre estas, aviso para despistados, no aparece ninguna Magdalena desfigurada de un superficial vendedor de best-sellers. No, Mateo nos sorprende con la profundidad con la que la comunidad cristiana, 50 años después de la muerte de Cristo, había reflexionado sobre Él, sobre el Mal, sobre las tentaciones que viviría la Iglesia y sobre cómo la juzgaría el Mundo.
Mateo nos presenta la escena con Cristo en el desierto, hambriento tras 40 días de ayuno. El diablo se acerca a Él y le tienta en tres ocasiones. Básicamente, ¿cuáles son?: la primera es por qué no nos da a todos el alimento necesario para liberarnos del hambre; la segunda, por qué no nos demuestra la existencia de Dios y nos libra de la incertidumbre; la tercera, por qué no domina el mundo e impera sobre él. Muchos se preguntarán cómo Mateo puede considerar que estas sean tentaciones, ¿no es justo dar alimento a todos, probar la existencia de Dios, emplearse del poder para alcanzar un mundo justo? Pues sí, las son y a todas Cristo respondió un claro no. El Mal, cuando quiere embaucar al que busca el bien, siempre se presenta bajo la apariencia de lo mejor, de lo moral, de lo correcto, de lo real y constatable en donde Dios nos parece ilusorio e innecesario; sólo aparece bajo su realidad sucia y burda al que ya es esclavo de su poder. Repasémoslas. Como decíamos, Cristo está hambriento en el desierto, en el lugar donde todo lo necesitamos, y se acerca el diablo y le dice “Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes” y le responde: «está escrito: El hombre no vive solamente de pan,sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Puedo imaginarme una sociedad perfecta, donde se nos procure pan, salud y trabajo para todos, todo lo necesario y lo útil. Pued0 imaginármela fría como el hielo. La propuesta de Cristo es diferente. El no niega el pan necesario, en la multiplicación de los panes veremos como da de comer a la multitud. Los momentos son diferentes, el primero, un sucedáneo de pan olvidados de Dios, el segundo, hombres que buscan a Dios, que oran a Él y que comparten fraternalmente. Es más, Cristo nos regalará otro pan, si en la tentación eran piedras convertidas en panes, en el segundo será pan convertido en Él mismo, en el propio Cristo, el pan que alimenta para siempre de la Eucaristía. Y es en ella, donde encontaremos la fuerza para dar pan al que no lo tiene. La segunda tentación cambia de escenario, en lo más alto del Templo de Jerusalén. Se nos presenta al diablo como un teólogo conocedor de las Escrituras: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra. Jesús le respondió: También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios». La tentación recuerda a la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro que cuenta Lucas en la que aquel, ya muerto, pide a Abraham que alguno de los muertos se presenten a sus hermanos, también ricos, para que se arrepientan y Abraham le responde: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán”. Cristo no nos ofreció una realidad más evidente que la que esta posee, no dio más prueba que su propia vida culminada en lo alto del templo del cruz, donde abandonado, fracasado y moribundo volvió a escuchar la misma tentación: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo”, pero de su boca sólo salieron palabras de perdón. Y cuando llegó su hora definitiva, “el sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto, expiró”. Sí, la única prueba es seguirle encomendados al Padre y vivir la experiencia de su yugo suave, de su carga ligera, aunque el camino te lleve a la cruz. En la tercera, en una montaña muy alta, el diablo “le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: Te daré todo esto, si te postras para adorarme. Jesús le respondió: Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto». Es la gran tentación, usar nuestro poder dominador para salvar al mundo, cuántas veces habremos caído en ésta, cuántas veces hemos puesto la fe al servicio del poder y como consecuencia la fe se ha retraído. Y sin embargo, Cristo nos propone el camino inverso, no afirmarnos en nuestro poder sino negarnos, no el dominio sino el el servicio, el poder débil del Dios que se puede falsear, que se puede apresar, que se puede matar, pues sólo tiene la fuerza del amor, la fuerza del perdón en el que el perdonado y el que perdona se reconocen como hijos de Dios y se encuentran.
Cuando los cristianos damos pan sin Dios, erramos, cuando predicamos un dios agradable al mundo y que niega al hombre, idolatramos, cuando usamos el poder dominador para traer el Reino de Dios, es más, cuando ofrecemos el cristianismo como medio para conseguir el paraíso material aquí en la tierra, engañamos. Cristo lo que nos trajo fue a Dios y con su muerte, el Reino de Dios es ya, aquí, ahora, el tiempo de las bendiciones ya está aquí: el reino del que confía y se libera del miedo, el reino de la esperanza contra toda esperanza que nos permite caminar alegres sin tregua, del amor que nos lleva al perdón.
Y así, aunque el Mundo nos derrotara, nos abandonara o nos matara como a Cristo en la Cruz, el Mundo no tendría la última palabra porque entonces Dios daría órdenes a sus ángeles, y ellos nos llevarían en sus manos para que no tropezáramos con ninguna piedra y alcanzáramos la nueva vida porque, en el fracaso de la cruz, Cristo ya triunfó y nos regaló, ya para siempre, la vida eterna y allí conocer a Dios.
El Padre Nuestro nos pide tres cosas. La primera es que santifiquemos el nombre del Padre, es decir, que entremos en el ámbito sagrado, que transcendamos de nuestra existencia física para reconocer a Dios.
Lo segundo es que cumplamos su voluntad. Para ello, nos oferta tres cosas: pan, sostenernos en la tentación y librarnos del Malo; y nos pide la tercera, que perdonemos como el perdona. Nos enseña que el perdón es la facultad fundamental del hombre y que al ejercerla nos asemejamos a Dios; perdonamos como Él. En el hombre que perdona veremos, así, el rostro de Dios. Y este perdón no es una simple renuncia a la venganza, es que el perdonado y el que perdona se reconozcan como hijos de Dios y se encuentren.
Evelyn Waugh (Londres, 1903 - Somerset, 1966), de igual modo que otros novelistas ingleses conversos al catolicismo, como C.S Lewis en Crónicas de Narnia o Tolkien en El Señor de los Anillos, encontró en su nueva fe el tema central de sus obras. Éste es el caso, sin duda, de Retorno a Brideshead. Escrito entre 1944 y 1945, durante la convalecencia por un accidente de paracaidismo durante la II Guerra Mundial, busca, tal como manifiesta en el prólogo, cómo influye la gracia divina en un grupo de personajes muy diferentes entre sí. El protagonista es Charles Ryder, un joven agnóstico que conocerá en Oxford a Sebastian Flyte, el pequeño de una aristocrática y católica familia. Sus miembros no son santos de cartón piedra, son hombres débiles y pecadores que encontrarán de una u otra manera a Dios.
Sebastian, uno de los personajes más atractivos de la literatura del siglo XX, es un joven hedonista, "enamorado de su propia infancia" y alcohólico. Abrirá las puertas a Charles de Brideshead , el palacio de la familia. Mantendrá una íntima relación con él en Oxford, sin que quede claro que mantengan relaciones homosexuales. Éstas parecerán más evidentes con un alemán lisiado huido de la legión extranjera al que acogerá en su casa en Marruecos. Sebastian acabará atrapado por su alcoholismo acogido en un monasterio de donde escapará de vez en cuando para beber. Cordelia, la hermana pequeña, en una conversación con Charles, lo retratará como una especie de santo borracho.
Julia, hermana de Sebastian, abandonará la fe para casarse con Rex, un advenedizo obsesionado con el poder y el dinero: "algo absolutamente moderno y al día, que sólo esta época espantosa podría producir. Un trocito muy pequeño de hombre que juega a ser hombre entero". Años después, se unirá a Charles, entonces casado, y convivirá con él en Brideshead planeando divorciarse para poder casarse. Sin embargo, con el regreso de un moribundo Lord Marchmain, los acontecimientos llevarán finalmente a Julia a la conversión: "Siempre he sido mala. Es probable que vuelva a ser mala, y volveré a ser castigada. Pero cuando peor soy, más necesito a Dios. No puedo estar fuera del alcance de su misericordia".
Lord Marchmain, el padre, se convirtió al catolicismo al casarse y lo abandonó al separase. En su lecho de muerte, surge la duda de darle la Extrema Unción; Charles y el médico en contra, Julia y la amante de Lord Marchmain a favor. Finalmente, mientras la recibía, Charles, al ver al sacerdote hacer la señal de la cruz, se arrodilló y rezó: "Oh, Dios, si existe un Dios, perdónale los pecados, si existen los pecados"... lord Marchmain desde su inconciencia moribunda se persigna. Charles afirma: "entonces supe que la señal por la que había orado no era tan insignificante, y me acordé de una frase de la infancia acerca del velo del templo que se rasgaba de par en par."
Charles creyó en Brideshead "estar muy cerca del Paraíso". Será un observador sorprendido de la religiosidad de la familia Flyte desde su agnosticismo. Al final de la novela, rondando los 40 años, durante la Segunda Guerra Mundial, el destino le llevará de nuevo a Brideshead; allí se acercará a la capilla y ante la lámpara "encendida delante del altar", rezará una oración recién aprendida.
La cosa es clara, todos tenemos derecho a la vida. Sin embargo la Ley lo
niega. La legislación española reconoce el aborto como derecho, es decir,
considera un derecho matar al ser humano que se desarrolla en el vientre materno.
¿Cómo puede ser?
Consideremos que unos padres matan a su hijo de sólo 5 días; serían reos de
infanticidio con agravante de parentesco. Si razonablemente pensásemos que
deben ser juzgados, ¿alguien se atrevería a decirnos que lo que queremos es
meter mujeres en la cárcel?
Y es que, para defender el aborto, hay que considerar que el no nacido
tiene un valor menor, que es un no sé que. Pero cuando lo valoras en lo que
es, un ser humano en el inicio de su vida, completamente dependiente pero
completamente individual, ¿cómo no escandalizarse ante su desprotección?
Desde que nos concibieron ya éramos Vida. Qué adulto considera que
entonces, a él, sí, a él mismo, su madre tuvo derecho a decidir sobre si
matarlo o no. Sólo pensarlo es demoledor, nuestra propia madre se nos convierte
en un juez despiadado.
1.000.000 de muertos en China nos pueden resultar menos perturbadores para
disfrutar de nuestro desayuno que un dolor de cabeza. Así somos. Si quitamos
valor al niño antes de nacer es porque no lo vemos, porque no hemos alcanzado a
amarle, porque no lo hemos hecho nuestro. Sí, como todo, es una cuestión de
Amor. Y lo curioso es que en nuestra época, las ecografías nos acercan a ese
ser, al poco de ser concebido, para que nuestros pobres sentidos puedan
reconocerlo y empezar a amar a ese "puñado de células". Todos
mostramos orgullosos esas imprecisas imágenes de nuestros hijos porque sabemos
que son un tesoro. Pues ese tesoro no tiene garantizado el derecho a la vida,
pues tenemos derecho a ser verdugos. Todo concebido tiene dignidad. Y esa dignidad inicial se concreta en un
derecho básico, el derecho a la vida. Y ese derecho lo tiene por él mismo,
por su calidad de ser humano. Ningún hecho externo, ninguna justificación, el
ser deseado o no, rebaja su dignidad, rebaja su derecho. El Hombre siempre se justifica; siempre justificamos nuestros homicidios,
nuestros robos, nuestras mentiras. Y al justificarnos nos hacemos débiles, nos
hacemos menos libres. Sólo al reconocernos tal como somos, sólo al tener valor
de aceptar nuestra realidad, vivimos libres. Y es que en la Libertad y en el
Amor es donde nuestra natural dignidad alcanza su pleno significado.
Un día, espero que no lejano, la sociedad descubrirá que la vida siempre es
valiosa, que es siempre digna y que debemos ser valientes.
La vida es una oportunidad, aprovéchala. La vida es belleza, admírala. La vida es beatitud, saboréala. La vida es un sueño, hazlo realidad. La vida es un reto, afróntalo. La vida es un deber, cúmplelo. La vida es un juego, juégalo. La vida es preciosa, cuídala. La vida es riqueza, consérvala. La vida es amor, gózala. La vida es un misterio, desvélalo. La vida es promesa, cúmplela. La vida es tristeza, supérala. La vida es un himno, cántalo. La vida es un combate, acéptalo. La vida es una tragedia, domínala. La vida es una aventura, disfrútala. La vida es felicidad, merécela. La vida es la vida, defiéndela. Teresa de Calcuta
P.D.: Una nota sentimental. Uno de mis hijos es adoptado. En su madre
biológica concurrieron muchas de las justificaciones que se dan para abortar.
Sin embargo, tuvo el niño y, al poco de nacer, renunció a él para que pudiera
ser dado en adopción. Hoy, cuando veo sus hermosos ojos verdes, doy gracias
porque la mujer que lo trajo al mundo fue tan valiente y tan libre que hasta
logró renunciar al hijo de sus entrañas para darle a éste la oportunidad de
vivir. Gracias.
Desconozco los mandatos de la memoria. Sé que el recuerdo de mi madre
enseñándome a orar se alberga en ella como uno de los hitos iniciales
que dan sentido a mi vida. Así son las madres, te acogen, te alimentan,
te enseñan, se entregan. Por ello, no me extraña que María, nuestra
madre, con su oración, que es su vida, nos adentre y nos conduzca al
Padre que es Nuestro.
Como muchas veces, caminaba orando, también divagando por mis
pensamientos. Me vino esta pregunta: ¿Estarán tan sujetos el Padre
Nuestro y el Ave María que podamos buscar significados paralelos a cada
uno de sus versos?
Brevemente, esto discurrí.
Padre Nuestro que estás en el Cielo
Dios te salve, María
El saludo a María nos trae el cielo, aquí, a nuestra vida, a nuestra
realidad. Nuestra mirada se eleva y descubre que Dios no está en la
lejanía de cielos impenetrables, sino en nuestro corazón que lo gesta en
el silencio.
Sí, el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros para ganarnos
la gracia, un día que no será tiempo, de habitar en cielos eternos en
eterna alabanza.
Santificado sea tu nombre
Llena eres de gracia
El plan de Dios se hace plenitud en María. El que Es, el Santo, colma a
María de su santidad.
La gloria de Dios es el hombre plenamente vivo; y la vida del hombre es
la visión de Dios dice San Ireneo. Es la humildad que recibe la gracia
la que reconoce a Dios y lo glorifica.
Venga a nosotros tu Reino
El Señor está contigo
El Reino de Dios es acogido plenamente en Cristo y, de modo singular, en
María, que lo recibió en su vientre generoso por su fe: habita en los
corazones de quienes aceptan la Palabra del Padre como ella.
Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Esto es lo que Cristo prometió a su Iglesia. Porque ella es, en la
tierra, semilla de su Reino, que Él llevará a su plenitud por Cristo.
María es figura de la Iglesia; por eso, cuando la Iglesia contempla a
María, contempla también su propio misterio.
Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo
Bendita tú eres entre todas las Mujeres
María es bendita, porque es la obra maestra del Señor. María es bendita
porque es humilde como el Señor lo es. María es bendita porque ella dice
sí a Dios. Así fue, así es: María contestó: «He aquí la esclava del
Señor; hágase en mí según tu palabra».
Danos hoy nuestro pan de cada día
Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús
El pan cotidiano y necesario, fruto de nuestro trabajo, y Jesús
encarnado, nacido de María, se hacen regalo de cada día. Jesús, nuestro
pan, se nos ofrece como Palabra y como Eucaristía, como la diaria vida:
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan
vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del
mundo.
Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores
El Padrenuestro nos enseña a perdonar como perdona Dios. María es
nuestra intercesora para que vivamos en el Perdón: Porque si perdonáis a
los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre
celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre
perdonará vuestras ofensas.
Y no nos dejes caer en la Tentación y líbranos del mal
Ahora y en la hora de nuestra muerte
La imploración para ser libres encuentra en María a su abogada porque
madre nuestra es. Ahora y cuando nos llegue la muerte, bien física, bien
espiritual: Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que
amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Amen.
Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre
la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor
le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo he vencido y me he
sentado con mi Padre en su trono.
Blaise Pascal (Clermont-Ferrand 1623 - París, 1662) fue un matemático, físico, filósofo y teólogo francés. Fue un genio precoz a quien su padre inició muy pronto en la geometría. Sus estudios como matemático lo convirtieron en uno de los fundadores del cálculo matemático de probabilidades y estimuló el desarrollo del cálculo diferencial.La Pascalina, una de las primeras calculadoras mecánicas, fue inventada por Pascal en 1645. Como físico fue uno de los principales teóricos sobre la existencia del vacío e inventó la prensa hidráulica y la jeringuilla.Pero la vida de Pascal es, ante todo, la historia de un converso. Desde los 18 años, Pascal sufrió una dolencia nerviosa que le haría sufrir dolores casi todos los días de su vida. En 1647 sufrió un ataque de parálisis que le dejó impedido y le obligó a moverse con muletas; la cabeza le dolía, le ardían las entrañas y sus piernas y pies estaban siempre fríos. Su salud mejoró, pero su sistema nervioso quedó dañado de forma crónica. Se volvió irritable, sujeto a bruscos arranques de ira, y en muy pocas ocasiones sonreía.
En 1646, el padre de Pascal se rompió la cadera. A su edad, ello podía resultar fatal. Por entonces, en Rouen trabajaban dos de los mejores doctores de Francia, el Doctor Deslandes y el Doctor de La Bouteillerie. Étienne Pascal no dejó que nadie más que ellos le atendieran. Su padre sobrevivió e incluso pudo volver a caminar. Ambos doctores eran jansenistas; éste movimiento estaba progresando rápidamente entre la comunidad católica francesa de la época. Durante este periodo, Pascal experimentó una forma de "primera conversión" y comenzó a escribir sobre temas teológicos a lo largo del año siguiente.
En 1654, Pascal sufrió un desvanecimiento y quedó inconsciente durante un tiempo. Tuvo una visión de carácter religioso muy intensa, e inmediatamente anotó esta experiencia, cosiendo este documento en su abrigo y traspasándolo cada vez que cambiaba de ropa. A este escrito se le conoce hoy en día como Memorial:
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Lunes 23 de noviembre, día de San Clemente. papa y
mártir y otros en el martirologio.
Víspera de San Crisóstomo, mártir y otros.
Aproximadamente desde las diez y media de la noche hasta cerca de media hora después de medianoche.
Fuego.
“Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de
los filósofos y de los sabios.”
Certeza, Certeza. Sentimiento. Alegría. Paz.
Dios de Jesucristo.
Deum meum et Deum vestrum
“Tu Dios será mi Dios."
Olvido del mundo y de todo, con la excepción de Dios.
Solo seencuentra en las vías enseñadas en el Evangelio.
Grandeza del alma humana.
"Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he
conocido.•
Alegría, alegría, alegría. Lagrimas de alegría.
Dereliquement me fontem aquae vivae.
"Dios mío, ¿es que me abandonas?
Que no me separe de Él eternamente.
“Esta es la vida eterna para que te conozcan como el solo
Dios verdadero, y Aquel que tú has enviado, Jesucristo.
Jesucristo.
Jesucristo.
Me he separado de Él: le he huido. negado, crucificado.
iQue jamás me separe de Él! .
Solo se conserva por las vías enseñadas en el Evangelio.
Total y dulce renunciación.
A partir de entonces, su obra se dedicó a la filosofía y a la teología. Así publicó las Cartas Provinciales, su principal obra, entre 1656 y 1657, dejando inconclusa sus Pensamientos. En ellos nos legaría su inmortal frase "el corazón tiene razones que la razón desconoce" puesto que "conocemos la verdad no solamente por la razón, sino también poe el corazón" ya que "la fe dice todo lo que los sentidos no dicen, pero no lo contrario de lo que ellos ven; está por encima y no en contra"
Y el Dios que conoceremos, "el Dios de los cristianos, es un Dios de amor y de consolación; es un Dios que llena el alma y el corazón de los que el posee; es un Dios que les hace sentir interiormente su propia miseria, y su misericordia infinita; que se une al fondo de su alma; que llena de confianza, de gozo, de humildad, de amor, que hace incapaz de otro fin que no sea Él mismo"
Aunque en esta búsqueda nos previene de los profetas de la desesperación: "cuando se afirma que Jesucristo no ha muerto por todos, abusáis de un vicio de los hombres que se aplican de inmediato esta excepción, que consiste en favorecer la desesperación, en lugar de desviarles de ella para favorecer la esperanza"
Oscar Wilde (Dublín, 1854 – París, 1900), aunque esta afirmación pueda sorprender, es uno de los más importantes escritores católicos del siglo XIX. Nació en Dublín, Irlanda, en el seno de una familia protestante. Es conocido popularmente por sus frases ingeniosas (La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella, Resumí todos los sitemas en una frase, y toda la existencia en una agudeza), por sus obras de teatro (Salomé, La importancia de llamarse Ernesto), prosa (El retrato de Dorian Grey, El fantasma de Canterville), cuentos (El príncipe feliz, El gigante egoísta) y poesía (La esfinge, Balada de la carcel de Reading).
En 1884 se casó con Constance Lloyd. Tuvieron dos hijos: Cyril, que nació en 1885 y Vyvyan, nacido en 1886. Tras una vida de triunfos, en 1895, llegó el escándalo; el marqués de Queensberry le acusó de mantener relaciones con su hijo. Declarado culpable, se le condenó a dos años de trabajos forzados. Con ello perdió no sólo la libertad, también a su familia y a todo su patrimonio.
En 1897, abandonó la carcel, para morir en 1900 en París tras haberse convertido al catolicismo.
Ya, en El retrato de Dorian Grey o El Príncipe Feliz, había mostrado su genio como conocedor del alma humana, sin embargo, es en la cárcel donde escribió una de las más estremecedoras obras que se han escrito: De Profundis. En esta carta dirigida a su amante, Bosie, el hijo del marqués de Queensberry, podemos presenciar un alma en proceso de conversión. La carta tiene dos claras partes: en la pimera, Wilde recorre lo que fueron sus relaciones con Bosie, en la segunda expone dos breves tratados, uno sobre Cristo, como precursor del movimiento romántico de la vida, y otro sobre la vida artística en relación con la conducta:
“… ha de haber mucho que hiera tu vanidad en lo vivo. Si así fuera, vuelve a leerla una y otra vez hasta que mate tu vanidad. Si algo encuentras en ella de lo que te parezca ser acusado injustamente, recuerda que hay que agradecer que existan faltas de las que se nos pueda acusar injustamente… Si encuentras una sola excusa falsa para ti, en seguida encontrarás un ciento, y será exactamente lo mismo que fuiste antes”.
“El verdadero necio, ése del que los dioses se ríen o al que arruinan, es el que no se conoce a sí mismo. Yo fui de esos demasiado tiempo… El vicio supremo es la superficialidad.” “Ser enteramente libre, y al mismo tiempo enteramente sometida a ley, es la paradoja eterna de la vida humana” “Sólo lo bello, y bellamente concebido, alimenta el amor. Pero el Odio se nutre de cualquier cosa… El Odio ciega… El amor alcanza a leer lo escrito en la estrella más remota”.
“…a mi mismo me dije: “A toda costa tengo que conservar el Amor en mi corazón. Si voy a la cárcel sin Amor, ¿qué será de mi Alma?”
“El objetivo del Amor es amar: ni más ni menos. Tú eras mi enemigo… Yo te había dado mi vida, y para satisfacer las más bajas de todas las pasiones humanas, el Odio, la Vanidad y la Codicia, tú la habías tirado…Por mi propio bien, lo único que podía hacer es amarte. Sabía que, si me permitía odiarte, en el seco desierto de la existencia que tenía que cruzar, y que aún estoy cruzando, no habría peña que no perdiera su sombra, ni palmera que no se secara, ni pozo o agua que no viviera envenenada” “No quiero quejarme. Una de las muchas lecciones que se aprenden en la cárcel es que las cosas son lo que son”. “Allí donde hay Dolor hay terreno sagrado…Cuando me llevaron de la cárcel al Tribunal de Quiebras entre dos policías; Robbie estaba esperando en el largo y siniestro corredor para poder, delante de todo el gentío, que ante un gesto tan dulce y simple enmudeció, quitarse gravemente el sombrero ante mí. Cuando esposado y con la cabeza gacha pasé junto a él. Hombres han ido al cielo por cosas más pequeñas. Con ese espíritu, y con ese modo de amor, se arrodillaban los santos para besar los pies de los pobres.” “Los pobres son más sabios, más caritativos, más hondamente sensibles que nosotros. A sus ojos, la cárcel es una tragedia en la vida del hombre,…, algo que reclama la solidaridad de los demás. Hablan del que está encarcelado, y no dicen sino que está en un apuro… Entre nosotros, la cárcel te hace un paria.”
“El deseo, al final, era una enfermedad, o una locura, o ambas cosas. Me hice desatento a la vida de los demás…Olvidé que cada pequeña acción de cada día hace o deshace el carácter…Ya no era el Capitán de mi Alma y no lo sabía… “Ahora para mí sólo queda una cosa, la absoluta Humildad…de todas las cosas es la más extraña. No se la puede dar, ni nos la puede dar otro. No se puede adquirir si no es cediendo todo lo que uno tiene.”
“Aunque a veces me regocijara en la idea de que mis sufrimientos fueran interminables, no podía soportar que no tuvieran sentido. Ahora encuentro… que no hay nada en el mundo que no tenga sentido, y el sufrimiento menos que nada.”
“Si no me quedar un amigo en el mundo; si no hubiera una casa abierta para mí…, si tuviera que aceptar el zurrón y el capote raído de la indigencia; mientras me viera libre del resentimiento,…podría afrontar la vida con mucha más calma y confianza que si mi cuerpo vistiera de púrpura y de lino fino, y dentro mi alma estuviera enferma de odio.”
“La Moral no me ayuda…Pero aunque veo que no hay nada malo en lo que uno hace, veo que hay algo malo en lo que uno llega a ser.
…La Religión no me ayuda…Ya sea fe o agnosticismo, no puede haber nada exterior a mí. Sus símbolos los tengo que crear yo…Si no encuentro su secreto dentro de mí, nunca lo encontraré. Si no lo tengo ya, no vendrá a mí jamás”
…La Razón no me ayuda. Me dice que las leyes por las que se me condena son leyes equivocadas e injustas…Pero de algún modo, tengo que hacer que ambas cosas sean justas y acertadas para mí…Yo tengo que hacer que todo sea bueno para mí. La cama de tabla, la comida asquerosa, las duras sogas…, las ordenes brutalkes que parecen inseparables de la rutina,…el silencio, la soledad, la vergüenza.: todas y cada una de esas cosas las tengo que transformar en experiencia espiritual”
“Cuando llegué a la cárcel hubo quienes me aconsejaron que intentará olvidarme de quién era…Ahora otros me aconsejan que cuando salga intente olvidar que alguna vez estuve encarcelado. Sé que eso sería igualmente fatal… y que esas cosas están hechas para mí como para todos los demás…Rechazar las propias experiencias es poner una mentira en los labios de la propia vida. Es nada menos que renegar del Alma…El Alma puede transformar en estados de pensamientos nobles, y pasiones de alto valor, lo que es en sí bajo cruel y degradante… Si uno se avergüenza de haber sido castigado, el castigo no le habrá servido de nada…debo aceptar el hecho de que a uno se le castiga por el bien lo mismo que por el mal que hace…Es algo que ayuda a comprender ambas cosas, y a no envanecerse demasiado de ningunas de ellas.
“Mientras estuve en prisión en Wandsworth anhelaba morir…Cuando tras dos meses en la enfermería me trasladaron aquí, y vi que poco a poco iba mejorando mi salud física, me puse rabioso. Decidó suicidarme…Al cabo del tiempo, ese mal ánimo pasó, y resolví vivir; pero vestido de tinieblas como un Rey se viste de púrpura…Ahora pienso de otro modo muy distinto. Veo que sería desagradecido y malo si cuando mis amigos vienen a verme pusiera una cara tan larga que ellos tuvieran que ponerla más larga aún para solidarizarse…Tengo que aprender a estar alegre y contento…tengo un verdadero deseo de vivir…Anhelo vivir para poder explorar lo que para mí es nada menos que un mundo nuevo…El dolor, pues, y todo lo que enseña, es mi mundo nuevo”. “Los clérigos, y la gente que usa frases sin sabiduría, hablan a veces del sufrimiento como un misterio. La verdad es que es una revelación…La historia entera se ve desde otra óptica. Lo que sobre el Arte se había sentido oscuramente por instinto, se comprende intelectual y emocionalmente con perfecta claridad de visión y absoluta intensidad de aprehensión”. “El secreto de la vida es el sufrimiento…Cuando empezamos a vivir, lo dulce es tan dulce para nosotros, y lo amargo tan amargo, que inevitablemente dirigimos todos nuestros deseos al placer…ignorantes de que mientras tanto podemos realmente estar matando de hambre el alma.
Recuerdo haber hablado una vez sobre este tema con una de las personalidades más hermosas de cuantas he conocido: una mujer… una persona para quien la Belleza y el Dolor caminan de la mano y tienen el mismo mensaje…recuerdo haberle dicho que en una sola callejuela de Londres había un sufrimiento bastante para demostrar que Dios no amaba al hombre… Estaba totalmente equivocado. Ella me lo dijo, pero yo no lo podía creer. No estaba en la esfera en donde se alcanza la convicción. Ahora me parece que el Amor de alguna clase es la única explicación posible de la extraordinaria cantidad de sufrimiento que hay en el mundo.” “Cuando digo que estoy convencido de estas cosas hablo con demasiado orgullo… Se puede captar una cosa en un momento único, pero se la pierde en las largas horas que le siguen con pies de plomo… Es en la Eternidad donde pensamos, pero nos movemos despacio en el Tiempo.” “Y el que está en estado de rebeldía no puede recibir la gracia, por emplear la frase que tanto gusta a la Iglesia –y con tanta razón, me atrevo a decir-: porque en la vida, como en el Arte, el estado de rebeldía cierra los cauces del alma, y no deja entrar los aires del cielo.”
“Naturalmente, todo esto está anunciado y prefigurado en mi arte. Algo está en El Príncipe Feliz; algo en El joven rey…en la nota de Fatalidad que corre como un hilo de púrpursa por el paño de oro de Dorian Gray… No podía haber sido de otro modo. En cada momento de nuestra vida somos lo que vamos a ser no menos que lo que hemos sido. El Arte es un símbolo porque el hombre es un símbolo.”
“Me produce un vivo placer pensar que mucho antes de que el Dolor se enseñorease de mis días… había yo escrito… que el que quiera vivir como Cristo tiene que ser entera y absolutamente él mismo”.
“Cristo realizó en toda la esfera de las relaciones humanas esa simpatía imaginativa que en la esfera del Arte es el único secreto de la creación. Él comprendió la lepra del leproso, la tiniebla del ciego, la fiera miseria de los que viven para el placer, la extraña pobreza de los ricos… te habría enseñado que le que le ocurra a otro te ocurre a ti”. “Para mí sigue habiendo algo casi increíble en la idea de un joven campesino de Galilea que imagina poder llevar sobre sus hombros la carga del mundo entero; todo lo que ya había hecho y sufrido, y todo lo que quedaba por hacer y sufrir: los pecados de Nerón, de César Borgia, de Alejandro VI… los sufrimientos de aquellos cuyo nombre es Legión y que tienen su morada bajo los sepulcros, las naciones oprimidas, los niños de las fábricas, los ladrones, los encarcelados,… los que enmudecen bajo la opresión y cuyo silencio solo lo oye Dios; y que no sólo lo imagina sino que lo logra, de suerte que en el momento presente todos los que entran en contacto con su personalidad… sienten de algún modo que la fealdad de sus pecados desaparece y la belleza de su dolor se les revela”. “Su vida entera es el más maravilloso de los poemas… en todo el ciclo de la Tragedia Griega… ni en Dante… ni en Shakespeare… hay nada que en pura simplicidad de patetismo fundida y unida con la sublimidad de efecto trágico pueda ni equipararse ni acercarse siquiera al último acto de la Pasión de Cristo… cuando se contempla todo eso desde el punto de vista del Arte solamente, no puede por menos que agradecer que el oficio supremo de la Iglesia sea la representación de la tragedia sin el derramamiento de sangre… y es siempre una fuente de placer y profundo respeto para mí recordar que la última supervivencia del Coro griego, por lo demás perdido para el arte, se encuentra en el acólito que responde al sacerdote en la Misa”.
“Y sin embargo la vida de Cristo…es realmente un idilio… Uno siempre piensa en ël como un joven novio con sus compañeros… o un pastor que se pierde por el valle con sus ovejas… o un amante para cuyo amor el mundo entero era pequeño… No tengo dificultad alguna en creer que fuera tal el encanto de su personalidad que su mera presencia pudiera poner paz en las almas angustiadas, y que los que tocaban su vestido o sus manos se olvidaran de sus dolores; o que a su paso por el camino de la vida, gente que no había visto nada de los misterios de la vida los viera claramente, y otros que habían sido sordos a toda voz que no fuera la del Placer oyeran por primera vez la voz del Amor…” “Él vio que el amor era el secreto que los sabios habían estado buscando, y que únicamente a través del amor podía acercarse al corazón del leproso o a los pies de Dios”. “Es el alma del hombre lo que Cristo anda buscando siempre. La llama el Reino de Dios y la encuentra en toda persona.”
“Es trágico que tan pocas personas posean su alma antes de morir…La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos son las opiniones de otro, su vida un remedo, sus pasiones una cita”
“Se ha querido hacer de Él un vulgar filántropo… Tiene compasión, naturalmente, de los pobres,… de los desdichados, pero tiene mucha más compasión de los ricos, de los hedonistas puros, de lo que dilapidan su libertad en ser esclavos de las cosas… La riqueza y el placer le parecían tragedias realmente mayores que la Pobreza del Dolor…
Vivir para los demás como objetivo concreto y deliberado no fue su credo… Cuando dice perdonad a vuestros enemigos no lo dice por el bien del enemigo sino por el bien de uno mismo”.
“Últimamente he estado estudiando los cuatro poemas en prosa sobre Cristo con cierta diligencia… La repetición interminable… nos ha estropeado la novedad, la frescura, el sencillo encanto romántico de los Evangelios. Los oímos demasiadas veces y demasiado mal, y toda repetición antiespiritual.”
“Hace unas seis semanas el médico me autorizó a comer pan blanco… Es una gran exquisitez… Yo te aseguro que para mí lo es tanto que al terminar cada comida me como cuidadosamente las migas que puedan quedar… y no por hambre… sino simplemente para que no se desperdicie nada de lo que me dan. Así habría que mirar el amor”.
“Toda persona es digna de amor, salvo la que cree serlo. El amor es un sacramento que habría que recibir de rodillas, y el Domine , non sum dignus tendría que estar en los labios y en los corazones de quienes lo reciben”.
“Cristo fue la primera persona que dijo a los hombre que debían vivir como las flores. Él fijó la frase. Tomó a los niños como tipo de lo que loa hombres debían intentar ser… Dijo que no había que tomar demasiado en serio los intereses materiales, comunes; que ser impráctico es una gran cosa. Los pájaros no lo hacen ¿por qué ha de hacerlo el hombre?”.
“Su moral es toda ella simpatía… Aunque lo único que hubiera dicho fuera: Sus pecados le son perdonados porque mucho amó, habría valido la pena morir por haber dicho eso. Su justicia es toda ella justicia poética… El mendigo va al cielo porque ha sido infeliz… Los que trabajan una hora en la viña, reciben la misma recompensa que los que llevaban todo el día sudando a pleno sol ¿Y por qué no? Probablemente nadie merecía nada…Para Él no había leyes, sólo excepciones.”
“Aquel de vosotros que nunca haya pecado, sea el primero que tire la piedra. Valía la pena vivir para decir eso… Amaba a los ignorantes… pero no soportaba a los estúpidos, sobre todo a los estúpido por educación: los que están llenos de opiniones sin comprender ni una sola de ellas… Por su lerda cerrazón a las ideas, su responsabilidad obtusa, su ortodoxia tediosa, su adoración al éxito vulgar,… su estimación ridícula de sí mismos… los judíos de Jerusalén en tiempos de Cristo eran la exacta réplica de los fariseos británicos en los nuestros… Cristo trató el éxito mundano como cosa absolutamente despreciable… Miraba las riquezas como un estorbo para el hombre… Señalaba que las formas y las ceremonias se habían hecho para el hombre, no el hombre para las formas y ceremonias… Las filantropías frías, las caridades públicas ostentosas, los pesados formalismos… los denunció con desdén total e implacable… El predicó la enorme importancia de vivir completamente para el momento”.
“Lo único que Cristo nos dice a modo de pequeña advertencia es que todo momento debe ser hermoso, que el alma debe estar siempre dispuesta para la venida del Novio, siempre esperando la voz del Amante…”
“Cristo parece haber amado siempre al pecador como lo más cercano posible a la perfección de Dios… Su deseo primordial no era el de reformar a las personas, como no era su deseo primordial aliviar el sufrimiento… Pero de una manera aún no comprendida por el mundo él veía el pecado y el sufrimiento como en sí mismos cosas hermosas, santas, y modos de perfección. Parece una idea peligrosa. Lo es…
Claro está que el pecador ha de arrepentirse. Pero ¿por qué? Sencillamente porque de otro modo no podría comprender lo que ha hecho… Es el medio por el que uno altera su pasado. Los griegos lo tuvieron por imposible… en el momento en que el hijo pródigo se hincó de rodillas y lloró, realmente transformó el haber dilapidado su caudal con rameras, y luego guardado cerdos y hambreado por las algarrobas que comían, en episodios hermosos y santos de su vida”
“Él es justamente como una obra de arte. No es que realmente enseñe nada, sino que por entrar en su presencia uno llega a ser algo. Y todos estamos predestinados a su presencia. Por lo menos una vez en su vida, todo hombre camina con Cristo a Emaus”.
“Si proponerse ser un hombre mejor es una hipocresía acientífica, haber llegado a ser un hombre más profundo es el privilegios de los que han sufrido. Y a eso creo haber llegado. Juzga tú mismo”.
“Te he dicho que decir la verdad es doloroso. Verse obligado a contar mentiras es mucho peor.
Recuerdo que estaba sentado en el banquillo durante mi último juicio, escuchando la denuncia atroz que hacía de mí Lockwood… y asqueado y horrorizado ante lo que oía. Y de pronto se me ocurrió pensar: ¡Qué espléndido sería que fuera yo el que estuviera diciendo todo eso sobre mí! Entonces vi en seguida que lo que se diga de un hombre no es nada. Lo que importa es quien lo diga. El momento más alto de un hombre, no me cabe ninguna duda, es cuando se arrodilla en el polvo y se golpea el pecho y cuenta todos los pecados de su vida.”
“Viniste a mí para aprender el Placer de la Vida y el Placer del Arte. Acaso se me haya escogido para enseñarte algo que es mucho más maravilloso, el significado del Dolor y su belleza. Tu amigo que te quiere, Óscar Wilde.”
Una de las causas que mueven más al descreimiento es el dolor del Mundo. El que alega esta causa tiene la imagen de un Dios bueno, enemigo del mal. ¿No es éste el Dios de Jesús?
Para los cristianos, Jesús es Dios hecho Hombre. Como nosotros compartió el sufrimiento, el mal y la muerte. Y ésta fue trágica, solo, abandonado por sus discípulos, desacreditado, vencido, torturado, con la única compañía de algunas mujeres, del discípulo amado y de su madre, que a los pies de la cruz lloraba un hijo que ante sus ojos moría en la cruz.
Pero los cristianos no creemos que Jesús acabó fracasando ante la muerte. Porque sabemos que Él nos enseñó que Dios está con el que sufre, que con cada hombre que acompaña al sufriente es Dios mismo el que se acerca. Porque sabemos que el Mal no tiene la última palabra y que el perdón nos redime. Y porque sabemos que la muerte no es el final, que la resurrección la alcanzamos ya hoy siguiendo a Jesús y más allá de nuestra vida terrenal cuando miremos cara a cara al propio Dios.
Como diría Óscar Wilde, el sufrimiento no es un misterio, es una revelación. El contemplar a Cristo y seguirle es la única manera de transformar el sufrimiento, el mal y la muerte en Luz.
Estaba en Misa con mi mujer y mis hijos. Era la dedicada especialmente a los niños. Miré a mis hijos, de 3 y 4 años de edad, y estaban felices. Me conmoví al contemplarlos. Extrañamente se me vino a la cabeza el texto del Evangelio de San Lucas sobre la visita de Jesús a la casa de Marta y María: "Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude"
Jesús le responde: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.»
Razón extraña, ¿contemplar cuando hay todo un Mundo que arreglar?
Pero viendo a mis hijos admití que los amo porque los contemplo. Y es eso lo que me lleva a amarlos, es decir, a darme, a ofrecerme, a regalarme.
Y contemplando al otro das agua al sediento, vistes al desnudo, visitas al preso y al enfermo en nombre de Dios, es decir, das el agua que quita para siempre la sed que es Jesús, vistes de la Palabra de Dios al que la ignoraba y liberas al preso y al enfermo del Mal que le aleja de los demás. Por eso, el paso más difícil es el primero, contemplar al otro que es el Otro.
Por ello, Teresa de Calcuta afirmaba de esta manera: El fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la Paz. Juan Pablo Navarro maratania@maratania.es